TN11 – El Canto del Marinero

Capítulo XI
Del Salto a lo Desconocido

A las puertas del solsticio de verano, dejamos atrás los altos y oscuros muros de la Torre, para acercarnos al mar y descender a una playa olvidada desde la que aún podemos contemplar las estrellas. Acomodáos cerca del fuego, porque el fuego siempre debe estar presente

Quedan escasos días para la que, en muchas regiones, se considera la noche más mágica del año, esa noche de altas hogueras, en la que incluso el más descreído se mancha de magia, las plantas alcanzan la cúspide de su virtud y las fronteras de la razón se diluyen lo suficiente para que podamos ver aquello a lo que normalmente estamos ciegos. Y tan mágicas como la noche y el fuego, son las aguas y la aurora que la sigue. En la que inicia el cuento de hoy, un cuento que tal vez muchos conocéis, pero algunas claves han permanecido guardadas en el silencio como un secreto. Un encuentro con lo maravilloso inmortalizado en el romancero castellano a mediados del siglo XVI, del que conoceremos también algunas insospechadas continuaciones.

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Imagen: Gustave Doré, ilustración para La balada del viejo marinero, 1876

TN10 – La Dama y el Jándalo

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Capítulo X
De los efectos de lo Terrible y lo Maravilloso

El cuento de hoy es el último audio que grabé para Encrucijada Pagana, antes de recuperar el proyecto. No se llegó a publicar, y en agradecimiento por vuestro apoyo en esta nueva etapa, quería entregároslo como una de esas cartas que llegan mucho después de lo previsto a su destinatario, pero que llegan, quizá, en el momento adecuado. Aunque sea en susurros…

La de hoy es una leyenda, una historia de traición y justicia poética, contada a medias entre Cantabria y Cataluña, dado que en cada uno de estos territorios se conserva una versión que recuerda lo que la otra ha olvidado. La Dama y el jándalo, recopilada por el cántabro Manuel Llano, se encuentra entre los apuntes del catalán Joan Amades referida como la leyenda del Gos Nonell (Perro Nonell). De este modo, lo que algunos autores relacionan con los gigantes y criaturas de la nieve, se puede vincular también con los sabuesos infernales, ligados -cómo no- a la Caza Salvaje. Aparecerán también en el relato las Anjanas, entidades feéricas relacionadas con las damas del agua y del invierno. A través de estos personajes, y sus interacciones, hablaremos de los efectos de lo Terrible y lo Maravilloso en aquellos que recorren los caminos torcidos.

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Imagen: Hellhounds, Inc.

TN09 – La Hija Desobediente

 

Capítulo IX
De los encuentros con el Diablo

La Leyenda del Pas de la Guineu (Paso del Zorro) guarda cierto parecido con otras leyendas y baladas tradicionales protagonizadas por jóvenes desobedientes. A diferencia, sin embargo, de la mayoría de las historias de este tipo, el encuentro con los seres de otro mundo tiene lugar a mediados de agosto y  el habitual punto de confluencia entre mundos, la encrucijada, es sustituido por otro tramo característico de los caminos: un paso estrecho.

¿Cuál es el secreto de los cuentos? Los cuentos están hechos para desafiar los límites del tiempo y la geografía, sobreviven a lo largo de incontables generaciones, adaptando sus formas con tal de agradar a los anfitriones que les dan morada y llegan a considerarlos parte de su familia, pues creen que abraza su espíritu y les pertenece.

Y sin embargo, el cuento no es de nadie, es un eterno extraño, porque pertenece al mundo, y sigue siempre su viaje dejando una parte de sí en cada huella trazada. El cuento es un espejo de palabras, antiguo como el reflejo de la luna sobre las aguas, e igualmente ambiguo. Puede bajar el cielo a la tierra, o devenir un sendero a las profundidades, puede mostrarnos lo que somos y lo que no somos, lo que fuimos o podemos llegar a ser. Como una puerta, puede señalar un límite, o invitarnos a cruzar al otro lado.


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Imagen: Jason Holley, portada de “Trouble”, álbum de Ray LaMontagne, 2004

TN 04 – El Mal Cazador

Capítulo IV
Donde se habla de la Caza Salvaje

Adentrados ya en el otoño, es tiempo de encontrarnos con la Caza Salvaje, el cortejo de las almas descarnadas en el que se mezclan difuntos, entidades feéricas, brujas y cambia formas, una corriente que remueve cielos y tierra para disolver los últimos restos de un orden caduco como las hojas que van cayendo sobre la tierra. Lo haremos a través de las leyendas del Mal Cazador y del Comte Arnau, que nos llevaran a hablar del culto a los ancestos, el papel del brujo en el territorio, las visitas de la época oscura y las damas de la corte feérica.

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Ilustración: Mikhail Chernodedov

TN 02 – El oro de las hadas

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Capítulo II
Donde se habla de cosas que no son lo que parecen

Bienvenidos a la Torre Negra, en el capítulo de hoy hablaremos del oro de las hadas. Cómo se gana, cómo se trae del Otro Mundo, cómo se desvanece al amanecer, o nos transforma por completo… Y además, del sabor a queso y los filtros de instagram. Con el cuento de Madre Holda, y la leyenda de les Dones d’Aigua de les Estunes.

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Una visita al Libro Rojo

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No recuerdo con exactitud la primera vez que escuché a Ritxi Ostáriz en la radio, aún en Terra Incognita; pero no mucho después pasé una semana con la música de la Diablada de Oruro en la cabeza. Desde entonces hasta la fecha parece que la vida ha dado varias vueltas a ambos lados del micro, y el Libro Rojo, programa indispensable para todos aquellos interesados en “El regreso a las fuentes de lo sagrado”, llega al programa número 50.

Si echáis una ojeada a la lista de programa e invitados que han pasado por sus páginas, podéis haceros una idea del honor que supone para la que escribe estar allí para tratar el tema de la brujería, por no hablar de la emoción de volver por unos minutos a la radio y reencontrar esas historias que los que me conocéis de hace algún tiempo sabéis que son mis preferidas; Los procesos de Sibila y Pierina, Las batallas nocturnas y la Caza Salvaje, el hombre lobo de Livonia y la Mulata de Córdoba… Con el privilegio que supone, además, poder confiar plenamente en que el discurso no va a ser tergiversado o retorcido en funcion de unos intereses concretos. Así que reitero mi admiración por todo el trabajo que hay detrás de cada programa de ELR, un enorme agradecimiento por la invitación, y mis mejores deseos -cuanto menos- para los próximos 50 programas.

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La Mulata de Córdoba

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Todos tenemos una bruja preferida, la mía es la Mulata. La Mulata de Cordoba es una leyenda colonial mexicana muy conocida en todo el país, de la que existen diferentes versiones, y ha inspirado libros, pinturas e incluso, una ópera. La primera vez que escuché la historia, la recibí como un regalo, pues no es tan fácil encontrar una narración popular que presente a la hechicera como una heroina. Años más tarde descubriría que algunos autores apuntan a la existencia de una Mulata histórica, Leonor de Isla, y de las prácticas brujeriles mestizas en el mundo colonial, muchas de origen español, e incluso con influencias árabes. Pero primero, la leyenda:

Sucedió en el estado de Veracruz, al sur de México. En época colonial vivió allí una misteriosa mujer cuyo nombre se ha perdido en el tiempo, dado que por generaciones ha sido recordada simplemente como la Mulata de Córdoba. Dado que todo en ella parecía burlar y contradecir las estrictas reglas del mundo que habitaba, los rumores sobre su persona recorrían la ciudad.

Se decía que era hija de un caballero español y una africana, de quienes habría heredado una  extraordinaria belleza y una pequeña fortuna. Dedicaba sus días a procurar alivio a las dolencias de los menos favorecidos; curaba las heridas de los esclavos negros y daba limosna a los pobres. Pero era por su dominio en el arte de los filtros, los ungüentos y amuletos, que iban a visitarla aquellos aquejados de males del espíritu y gentes ricas que precisaban un remedio efectivo para curar el mal de amores, protegerse de las envidias o encontrar esposo.

Por todo esto la Mulata era a un mismo tiempo admirada y censurada por sus vecinos. No en pocas ocasiones las mismas damas que acudían a solicitar su ayuda albergaban oscuros sentimientos hacia aquella mujer, en parte salvaje, que sin duda se permitía demasiadas libertades. Otro tanto sucedía con aquellos caballeros que por el hecho de verla sola, ya la imaginaban como una más de sus propiedades.

El hecho es que, si la Mulata tuvo amores, fueron éstos discretos al punto que se llegó a decir que el motivo por el que desdeñaba a los hombres, no era otro que el de haber hecho sucumbir al mismo Diablo a sus encantos. Sea como fuera un día aquí, un día allí, se dejaba ir una maledicencia acerca de ella; que si en su casa flotaba un intenso olor a azufre, que si de vez en cuando se la podía ver bien de noche cruzando los cielos, que quién sabía hasta qué punto eran oscuras aquellas artes secretas de cuyo dominio le venía la fama.

Ya fuera debido a la amargura de una criolla celosa o al odio albergado en el corazón de un pretendiente no correspondido, finalmente las obras extraordinarias de la Mulata fueron denunciadas a la Inquisición. Cuando el Tribunal del Santo Oficio recopiló cuanto se había dicho y decía de ella, se la sentenció culpable de hechicería y pacto con el Diablo, y fue condenada a morir quemada en la Ciudad de México.

Los pobres y los esclavos por los que había hecho tanto bien lloraron su pérdida, y entre lamentos la despidieron como la familia que nunca llegó a conocer; mientras que las damas y caballeros a los que también había ayudado renegaban de ella y alimentaban las habladurías, como aliviados de que aquella que conocía los más oscuros de sus secretos fuera a desaparecer de la faz de la tierra. A pesar del amor de unos y el desprecio de otros, la Mulata conservó su porte sereno. Sólo de tanto en tanto sus ojos parecían brillar más de lo habitual y una misteriosa sonrisa se le dibujaba en el rostro.

La noche antes de su ejecución, en la mazmorra, pidió al carcelero que le llevara un pedazo de carbón. El hombre, sorprendido por la rareza de aquella solicitud, le aconsejó que en vez de aquello se encomendara a Dios por la salvación de su alma. Sin embargo, ante la insistencia de la Mulata, consideró que la proximidad de la muerte debía haber afectado su pensamiento y, compadeciéndose de ella, le llevó lo que pedía como última voluntad.

Antes de rayar el alba, la mañana del día en que iba a ser ejecutada, la Mulata llamó de nuevo al carcelero y con una sonrisa pícara le mostró un barco que había dibujado con el carbón en la pared de piedra:

– Buen día, carcelero; ¿podría decirme qué le falta a este navío?
– ¡Desgraciada mujer! – contestó el carcelero-. Si te arrepintieras de tus faltas no estarías a punto de morir.
– Anda, dime, ¿qué le falta a este navío?, – insistió la Mulata.
– ¿Por qué me lo preguntas? Le falta el mástil.
– Si eso le falta, eso tendrá – respondió enigmáticamente la Mulata.

Y el carcelero se retiró, intrigado de que aquella misteriosa mujer sus últimas horas dibujando, sin temor de la muerte. A la hora del crepúsculo, que era el tiempo fijado para la ejecución, el carcelero entró por tercera vez en el calabozo de la Mulata, y ella, sonriente, le preguntó:

– Carcelero, ¿Qué le falta a mi navío?…
– Desdichada mujer, pon tu alma en las manos de Dios Nuestro Señor y arrepiéntete de tus pecados. ¡A ese barco lo único que le falta es que navegue!
– Pues si vuestra merced lo quiere, si en ello se empeña, navegará y muy lejos…
– ¿¡Cómo!?
– Así.

Y diciendo esto, la Mulata, ligera como el viento, saltó al barco. Éste, despacio al principio y después rápido y a toda vela, navegó alejándose cada vez más, hasta desaparecer en el horizonte de carbón. El carcelero se quedó mudo, inmóvil, con los ojos salidos de sus órbitas, los cabellos de punta y la boca abierta.

Hay muchas cosas que me gustan de esta leyenda, pero lo que más me llamó la atención es que, al contrario que en tantos otros cuentos  de brujas, no parece haber en la Mulata ni una pizca de rencor por el bien hecho y no “recompensado”, ni un atisbo de deseo de venganza contra los acusadores. Y aunque la hechicera en la que tal vez se basa la leyenda, Leonor de Isla, es antes hechicera que bruja y parece actuar de forma mucho más humana, la Mulata en la leyenda entra en el mismo rol que esas hadas que se casan con un mortal, que en un momento dado las desprecia por su naturaleza, y simplemente desaparecen.

Ni los acusadores ni los malagradecidos podían, en realidad, retener a la Mulata ni hacerle daño, porque aquél no era su mundo.  Llegado el momento, la bruja regresa al lugar al que pertenece, y lo hace optando por la solución más absurda o, visto de otro modo, haciendo algo que a ojos del resto de aquellos que la rodeaban era imposible, tomando un camino para el que nadie había podido forjar aún un nombre.

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El Carnero Negro

Siempre he sido muy maniática con las fuentes, de forma que cuando una historia, cuento o leyenda no resultaba claramente rastreable, había que apartarla a un lado hasta conseguir al menos un indicio para situarla. Este es el motivo por el que durante más de una década el cuento del Carnero Negro, ha permanecido en mi colección particular de relatos.  En aquel tiempo lejano en el que no existía Google, realizaba yo mis primeras búsquedas en la red, y fui a dar con una página que recuerdo chilena, o tal vez argentina, en la que este cuento aparecía como un relato folklórico de la zona. Por aquel entonces no era el tipo de cuentos de brujas que me interesaban, así que ni siquiera lo guardé. Sin embargo, algo en él me llamó de tal manera que su recuerdo ha vuelto una y mil veces a mi memoria a través de los años, entendiendo cada vez más los motivos. Por más que en los últimos años he tratado de reencontrar el texto, o al menos alguna referencia al mismo, ninguno de mis intentos ha tenido éxito.

Escribo aquí el relato del Carnero Negro tal como la recuerdo, consciente de que mi mente pueda haber rellenado los huecos; algo que sería una abominación al hablar de historia, pero que de alguna manera resulta perfectamente lícito en los cuentos, que parecen contener una vida propia que revolotea en la necesidad de pasar de una imaginación a otra. Podría no haber existido nunca como relato folklórico, ser una invención de un narrador moderno, pero llegó a mí y parte ahora hacia donde quiera que deba llegar, porque es su momento.

Hace muchos años vivía una pastorcilla de origen humilde. Salía cada día del pueblo con la luz del alba y no regresaba hasta el anochecer, y pasaba el día solitaria en el monte con sus animales, sin relacionarse con otros jóvenes, por lo que no estaba muy contenta. Un día, bajo un gran árbol en un recodo del camino, apareció un enorme carnero negro. Al principio, temió que aquella bestia la fuera a atacar, pero el carnero permaneció tranquilo, mirándola fijamente bajo las ramas.

De este modo, la curiosidad venció al miedo, y la joven se fue acercando al animal hasta que éste dejó que lo acariciara. Al día siguiente, volvió a encontrar al carnero negro en el mismo lugar, y ya sin miedo fue a saludarlo. Pasaron días, semanas y meses, y la joven y el animal se hicieron amigos; cada día el carnero negro aparecía en el mismo recodo, y ya sin ningún miedo ella lo acariciaba y lo adornaba con guirnaldas de flores silvestres, él la acompañaba, y se hubiera dicho que sólo le faltaba darle conversación.

Un día, sin embargo, al llegar al recodo del camino en vez lugar su carnero la esperaba un caballero vestido de negro, que la saludó amistosamente. La joven, sorprendida y un tanto abrumada se mostró cortés y pasó de largo, algo triste por la ausencia del carnero. Pero los días que siguieron, encontró siempre al caballero en el recodo del camino. Poco a poco los saludos se hicieron más relajados, hasta que el joven se ganó su confianza. Y una tarde de verano, le confesó su intención de contraer matrimonio con ella.

La familia a penas podía creer la suerte que habían tenido, un joven que parecía adinerado quería desposar a su hija. Así que las bodas se celebraron rápidamente y sin hacer demasiadas preguntas, y la joven partió a su nueva casa llena de alegría. Y así siguió hasta que un día que su esposo no se encontraba en casa recibió la visita de unas mujeres del pueblo. Extrañada porque normalmente no recibía visitas, las atendió lo mejor que supo, y después de un tiempo de charla le confesaron que habían ido a advertirla acerca de su esposo. “¿No te parece extraño que pase tanto tiempo fuera de casa? Hemos advertido que nunca va a misa, ni siquiera los domingos. Pero, además, desde que él llegó, hay un enorme perro negro que deambula por las calles. Tu esposo tiene que ser un brujo, niña y eso no es bueno.”

Al prinpicio la joven no hizo demasiado caso a las mujeres y sus sospechas, pues era muy feliz en todos los momentos que pasaba junto a su esposo, pero las mujeres del pueblo volvieron en más ocasiones, primero con nuevas advertencias, más tarde con acusaciones que incrementaban en gravedad. Las ausencias se prolongaban cada vez más, y las dudas crecían, de forma que el miedo empezó a crecer en el interior de la joven, incapaz de preguntar directamente a su esposo por la naturaleza de sus ocupaciones.

Finalmente, el joven fue acusado y quemado por brujo, y sus restos fueron enterrados cerca de la casa. Las mujeres vinieron a decirle que era necesario hacer aquello, y que ahora podía encontrar un nuevo esposo. Pero estando ya en la cama acostada t dispuesta a dormir, la joven oyó la voz de su difunto esposo, llamándola por su nombre. Al principio creyó que se trataba de pesadillas, pero cada noche la voz cada día llegaba de forma más clara a sus oídos, estando bien despierta, y era como tenerlo allí mismo.

Asustada, acudió al párroco del pueblo, explicando lo sucedido. El párroco le explicó que el alma de su esposo vivía aún en los huesos que no se habían quemado, y que para expulsarla definitivamente debía machacarlos y lanzarlos al río. Y la joven así lo hizo, y al instante se arrepintió de su traición, porque había destruido lo último que le quedaba de su verdadero amor. Aquella noche sólo hubo silencio en su recámara y aquella pena, poco a poco, la fue ahogando hasta que también ella murió.

Aunque el cuento hable de brujería, siempre me recordó en su primera parte al mito del rapto de Europa (Zeus transformado en un toro blanco seduce a la ninfa ganandose su confianza hasta que ella lo monta y él se la lleva mar adentro), y en la segunda a la historia de Eros y Psique (desde las críticas de la comunidad al esposo y la incitación a la traición, hasta el modo en que falla la última prueba impuesta por Venus para recuperar a su amado). Y puede que sea este fondo mítico el que dota de fuerza a la narración, y aunque en cierto modo puede recordar también la historia de Barba Azul, resulta curioso que, en un relato popular, el brujo (o bruja) no sea un ser completamente malvado. De hecho, aquí el brujo no parece hacer nada más que saltarse la misa y adquirir formas animales (lo que lo identifica como brujo, especialmente teniendo en cuenta que esos animales son un carnero y un perro negros), pero el pueblo entero va a por él y la esposa inconsciente cede a esa presión del común, incluso contra sus propias percepciones e intereses.

Estoy casi segura de que en la versión que leí no aparecía, pero en mi mente, cuando los huesos (el alma ósea) llama a la joven esposa, no es para torturarla, sino para darle instrucciones precisas acerca de cómo devolverlo a la vida. Para mí, éste es un cuento que habla de los caminos a medias y las oportunidades perdidas. La joven se siente  ya desde su familiaridad con el carnero, siente esa afinidad con el brujo y su mundo, y sin embargo, a pesar de casarse con él no llega a formular las preguntas adecuadas para participar de sus conocimientos. Luego, cede a la presión del entorno cuando todos señalan que aquella compañía es mala para ella, y no es capaz de defenderlo y defenderse a sí misma. Renuncia incluso a la última oportunidad de rescatar el vínculo, de regenerar lo perdido (como en tantas otras historias de hadas, brujas y divinidades, aparece la posibilidad de devolver a la vida a través de los huesos), y sólo cuando ya se ha cerrado las puertas se da cuenta que aquello a lo que ha renunciado era precisamente aquello que la hacía feliz, o lo que desde perspectivas más brujeriles podríamos considerar su destino. Una vez perdido, e incapaz de integrarse en la comunidad (a la que, por otra parte nunca perteneció por completo y que no tiene demasiado que ofrecer), languidece de pena hasta morir, que es lo que nos sucede cuando traicionamos, negamos o incluso matamos una parte realmente importante de nosotros mismos.

Advertidos estamos.

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Imagen: Baa, Baa Black Sheep, Paula Rego, 1989.