[EP 110] – Brujería y Territorio

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La brujería demanda cuestionar a cada paso, cada lección o noción aprendida acerca de lo que tanto nosotros, como el mundo que nos rodea, somos. Empezamos cuestionando qué significa ser humano, cuáles son nuestras posibilidades reales, y a medida que tiramos del hilo vamos descubriendo una realidad oculta, refugiada tal vez, bajo la apariencia de lo más cotidiano. Tarde o temprano en esta búsqueda reencontramos la noción del Territorio.

En el programa de hoy hablamos de brujería tradicional y su relación con el Territorio, os contamos de dónde surgió la iniciativa TERRA, cómo está planeada, y cómo podéis inscribiros. Por último, relatamos un cuento iroqués: “El viejo al que atacaban todas las enfermedades”.

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0 Al Este del Sol, al Oeste de la Luna 0

reginald knowles

Hubo un tiempo en el que aceptar que nunca podemos dar por cierto que veremos otra primavera era más sencillo. En aquel pasado, el paisaje era el escenario, y no había otra iluminación que la proporcionada por el sol, la luna o el fuego. La huella viva en la memoria de lo terrible y maravilloso hacia incecesarios trucos y embelesamientos. En esas noches crueles y bellísimas hombres, mujeres y todo tipo de espírituas y criaturas se reunían, y así mismo se reunían sus glorias y sus miserias, y compartían las historias que hacían de su vida algo más que mera supervivencia.

Aún hoy, si por algún motivo nos vemos momentáneamente liberados de las redes del convencionalismo, notamos cómo cuando la oscuridad gana terreno, y el frío araña los cristales de nuestras ventanas, renace un impulso al relato, al tejido común de la palabra sobre el silencio helado. Un sombrío mendigo, anciano y ranqueante, toca a nuestra puerta y si decidimos darle cobijo, descubrimos que lo sigue un desfile interminable de recuerdos, una corte innumerable de historias que, siendo ajenas, podemos reconocer y, siendo nuestras, no nos pertenecen por completo.

Un programa largo y relativamente denso, como los platos que se cocinan en invierno y por los mismos motivos. Dos cuentos noruegos nos servirán de guía en este recorrido por las noches más oscuras del año: Al Este del Sol, al Oeste de la Luna y Valemon el Rey Oso Blanco, compilados por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørigen Moe, y publicados por primera vez en 1841.

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Imagen: Reginald L. Knowles y Horace J. Knowles, para Norse Fairy Tales, 1910

Una emigrada lituana y un barón inglés

8791526024657_MDEsta semana volví a El Libro Rojo para hablar de Marija Gimbutas y su obra “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”. Es la segunda vez que toco el tema, como una de esas encrucijadas que, por más que desees dejar atrás, reencientras una y otra vez. A menos que uno quiera pasar de puntillas sobre el tema, o convertirse en un seguidor o detractor incondicional, la figura y la obra Gimbutas remiten a un profundo conflicto que atraviesa diversos niveles de reflexión.

Ahí está Gimbutas, sus aportaciones a la disciplina arqueológica/histórica, su vínculo subjetivo con aquello que identificó como “La Diosa”, su heroica historia personal y su poder mediático, aunque muchos no sepan aún quien fue. Y por otro, ahí está lo mucho que hay que matizar acerca de lo que dijo y la deriva de su carrera desde la arqueología al movimiento espiritual. Cada vez que tengo que hablar de Gimbutas dudo entre si presentar sus propuestas como algo novedoso o desfasado, porque resulta que es ambas cosas a la vez.

Es novedosa porque para mucha  la idea de “la Diosa”, la noción de un divino femenino en conexión con la tierra, la importancia del mito y el símbolo, és aún algo exótico y confrontante, y terriblemente necesario. Pero está desfasada porque lo cierto es que, desde la perspectiva metodológica, si sólo nos basamos en la interpretación libre e intuitiva de los símbolos hallados en la cultura material de antiguas civilizaciones,  es tan válido creer en una Gran Diosa como en Alienígenas Constructores de Pirámides.

Esto lo saben muy bien en History Chanel. Y esa es la visión que se tiene de la historia en general, o bien una justificación para nuestras propias ideas y tendencias, o bien es una obligación (en un mundo en el que la apariencia de cultura se presupone signo de status social), o bien se convierte en un entretenimiento o forma de evasión. En el fondo permanecen los mismos discursos polarizados, la misma manipulación emocional y la misma impotencia final. Lo que resulta más angustiante es la facilidad que tienen los polos para invertirse, cómo un discurso rompedor termina perpetuando las estructuras que en origen pretendía derrocar,  y aún convirtiéndose en cómplice del mismo.

Gimbutas (Lituania,1921) tiene una biografía fascinante, trabajando en condiciones de franca desventaja entre sus colegas, logró abrir el ámbito de la arqueología hacia los estudios lingüísticos e históricos, y a su relación con el folklore, el mito y el símbolo. Cambió el panorama de la interpretación arqueológica de su tiempo, y su propuesta consiguió llegar a un gran sector del público general. A partir de una lectura simbólica de las piezas halladas en sus excavaciones en Europa del Este, Gimbutas elaboró un relato de la vida en el neolítico como nunca se había visto antes, pues aún sobrevivía en muchos aspectos el prejuicio de la “humanidad primitiva”, simple, tosca, incapaz, etc.

Gimbutas describió el desarrollo local de una civilización floreciente, igualitaria, pacífica, abundante y prácticamente centrada en una religiosidad centrada en una divinidad femenina de múltiples formas. Gimbutas recuperó para la contemporaneidad la noción de una Época Dorada, un Paraíso Original. Después de la Segunda Guerra Mundial -de cuya violencia ella misma había sido víctima-, podría decirse que el mundo necesitaba precisamente ese respiro, la fe en una cultura pacífica y floreciente, la regeneración de la humanidad misma, alcanzable al abrazar otro orden de valores (de cuyo éxito, el discurso de Gimbutas parecía ser una prueba). “La Diosa” adorada por muchos grupos neopaganos o de la New Age debe mucho a Gimbutas y Robert Graves, y se puede pensar en ella como una figura que responde de forma precisa a las necesidades del momento en el que es invocada.

Pero para que la historia de un Paraíso Original funcione, se necesita identificar la causa de su pérdida. Muchos pueblos y mitologías han señalado un distanciamiento de las costumbres o la ruptura de algún tabú dentro de las comunidades afectadas, pero en occidente tenemos otra estrategia para explicar esta pérdida: el enemigo invasor. En el escenario creado por Gimbutas, ese enemigo exterior, absolutamente contrario, en el que se proyecta todo lo que molesta o no conviene al retrato idealizado de la Vieja Europa son los pueblos indoeuropeos, demonizados como portadores de todos los males: La violencia, la tiranía, el patriarcado, etc.

A pesar de la fuerte oposición que halló en el ámbito académico, su teoría de los kurganes (que explicar la llegada de los indoeuropeos) se considera aún en la actualidad bastante acertada, puntalizando precisamente que los pueblos indoeuropeos no llegaron sólo a través de invasiones violentas, sino también por medio del contacto cultural en contextos de convivencia e intercambio. Sin embargo, Gimbutas en su faceta popular, enfatizó aún más la violencia y el conflicto teóricamente impuestos por los indoeuropeos. Se produjera de forma intencional o no, el hecho de señalar un enemigo común era (y es) la clave para la identificación emocional del público con el mito moderno que habían generado Gimbutas y su idealización del pasado de la Vieja Europa.

Dicho de otra forma, mucha gente quería abrazar la idea de un mundo o de una sociedad nuevos, pero muy pocos estaban dispuestos a aceptar su grado de participación o de responsabilidad en la creación de la situación que se pretendía superar (a pesar de que es precisamente la responsabilidad y participación sobre algo lo que nos da el poder para transformarlo). Lo podemos formular en presente también. A nuestra cultura le encanta ver al enemigo en los otros,  tener un oponente tan malvado que a su lado nuestras propias faltas parezcan intrascendentes, un enemigo tan poderoso que nos exima del esfuerzo de hacer algo por enfrentarlo y nos permita quejarnos al aire de lo injusto que es todo, como si alguien tuviera que venir y arreglarlo porque entra en el seguro que pagamos cada mes, pero de cuyo contrato nunca leímos la letra pequeña.

En lo que respecta a la historia, sabemos que la historia empezó como un género literario, pero llega al siglo XX como una disciplina académica, lo cuál la convierte en un curioso híbrido al que, por añadidura, todo el mundo quiere manipular a su favor. La historia requiere conjuntar dos capacidades humanas aparentemente contradictorias y opuestas: la razón y la imaginación. Una parte del trabajo consiste en recolectar datos de la forma más fiable y objetiva que esté al alcance, otra consiste en ponerlos en relación, aventurar una interpretación, e irla afinando a medida que aparezcen nuevos datos… Que en más de una ocasión, obligaran a volver al punto de partida. El investigador debe estar tan bien templado como el arma que maneja.

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Colin Renfrew y Marija Gimbutas

Nuestra cultura, centrada en el culto al individuo o la personalidad, busca siempre protagonistas para las historias en las que se inspira, del mismo modo que la creación de paraisos idealizados proyecta la sombra de los mismos hacia unos infiernos negados, la configuración del personaje idealizado proyecta todo lo que es rechazado en su némesis. Hablar de trabajos colectivos no resulta tan llamativo como presentar un nombre, una biografía. Si la imagen de un individuo destaca por encima de todos los que se han dedicado a continuar el trabajo que inició o inspiró, si parece que no exista otro remedio que estar a favor o en contra de lo que encarna, para encontrar cierto equilibrio y una visión completa de las cosas, deberemos identificar a su máximo oponente. Y en el caso de Gimbutas, éste bien pudiera ser Colin Renfrew.

Gimbutas y Renfrew, la emigrada lituana y el barón inglés, trabajaron conjuntamente en varias excavaciones, publicaron algunos trabajos en conjunto, defendian teorías contrarias respecto a la llegada de los indoeuropeos. Pero las críticas de Renfrew son en gran medida un llamado al sentido común (¿Tiene sentido ver en todo una intención religiosa? ¿Es suficiente la interpretación de los símbolos encontrados en las producciones materiales de una cultura para deducir su modo de vida?). Ambos fueron arqueólogos dedicados, pero allí donde Gimbutas destaca por su  intuición, inspiración o creatividad, Renfrew destaca por la revisión crítica de los métodos empleados en la arqueología, su interés por las posibilidades de los avances técnicos para lograr mayor precisión en las dataciones y su labor por  el estudio y la preservación de los yacimientos más allá de las piezas que se pudieran sacar de ellos. Renfrew ha dedicado toda su vida a la arqueología, Gimbutas – tal vez como reaccion a la descarada hostilidad que halló entre sus colegas y a la calidez de sus seguidores – se alejó cada vez más de la disciplina para perseguir objetivos que sin duda iban más allá del conocimiento del pasado, y de los que ya no es lícito hablar en términos arqueológicos, o incluso históricos, porque los trascienden.

A mi parecer aún son necesarias personas como Gimbutas y como Renfrew, aunque sus nombres nunca lleguen a ser conocidos, pero tal vez necesitemos con mayor urgencia personas capaces de reconocer la validez de ambas visiones, de lo imprescindible de su coexistencia y diálogo dentro y fuera de nosotros.

El documental dedicado a la figura de Gimbutas en 2004 lleva por título “Signs out of Time”, y hubiera sido difícil escoger algo que describiera mejor la trayectoria de Gimbutas, pues aunque partió de un tiempo y unos hallazgos concretos, pero derivó en las aguas de la atemporalidad y la analogía. Lo cual puede ser muy necesario, inspirador, e incluso más importante que las pretensiones originales, pero no puede presentarse como el fruto de una investigación científica, como algunos pretenden.

Lo cuál me parece absurdo e innecesario. Querer hacer pasar algo por ciencia, al mismo tiempo que desprecias los métodos científicos, desvela una inseguridad terrible y un desprecio aún mayor por los propios métodos. Aún hay demasiadas personas que quieren desesperadamente la validación científica, objetiva, que no pueden vivir sin ella, como si de esto dependiera su realidad. La ciencia no es más que un juego cuyas reglas no deben ser burladas, porque su único objetivo está en el tipo de conocimiento que se obtiene al seguirlas.  Este tipo de conocimiento no es útil en todos los ámbitos, resulta un poco absurdo en el Arte, por ejemplo.

Nuestra cultura ha pasado de tener una fe ciega en la divinidad omnipotente a depositarla en una abstracción idealizada de la Ciencia. Si el patrón original no se hubiera perpetuado gracias a esta sutil y superficial mutación, reconoceríamos tanto las limitaciones del ámbito objetivo, como la importancia del ámbito subjetivo. Es el caso del mismo perro con otro collar. Las historias que nos venden y compramos se disfrazan con datos, cifras, justificaciones objetivas y racionales, pero lo que nos mueve sigue siendo las emociones y los impulsos.  La  mitología surgida a partir del discurso de Gimbutas, es profundamente dualista y requiere de la identificación de un enemigo externo, más o menos abstracto.  Y esto, por más que lleve una divinidad femenina a la cabeza, no tiene nada de nuevo.

Una parte del trabajo del investigador en historia consiste en ver en qué nos parecemos a nuestros ancestros – no importa la época-, otra en saber apreciar las diferencias. Del mismo modo que sucede con los oráculos, lo más difícil de esta labor – cuando se toma en serio- es reconocer las proyecciones que derramamos cuando nos miramos en el pasado como un espejo. Estas proyecciones no pueden descartarse, deben ser identificadas y situadas donde corresponde. La proyección es siempre algo que nos regresa a la reflexión acerca de nuestra propia época, pero no nos dirá mucho acerca de los antepasados. En la medida en la que nos conocemos a nosotros mismos, podemos conocer a otros más por lo que son en ellos mismos que por lo que significan en función de nuestras necesidades. Lo mismo sucede con la historia (y con todo, así en general).

 

El susurro de las Sombras

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Nadie puede escapar de la Sombra, pero unas veces aliviados y otras apenados, despertamos y nos aferramos casi con desesperación a la luz de la vigilia, hasta que en nuestro anhelo de seguridad, este exceso va secando lentamente nuestras vidas. Lo contrario tal vez sea comprender que más que andar por un firme suelo bajo nuestros pies, somos llevados en una corriente mayor que nosotros, en la que nuestra identidad no es más que un ligero parpadeo de la existencia.

Huímos de lo que vemos en nuestros sueños y pesadillas, de lo que llegamos a percibir cada vez que escapamos de nuestro propio control. Nos decimos que no es real, y lo que ocurre es que habla otro idioma, más antiguo, primitivo… Olvidamos, en este esfuerzo heredado y colectivo, que la luz del día es sólo otra forma de distorsión a la que aprendimos a rendir pleitesía, y a la que a menudo convertimos, llevados por nuestra ignorancia, en el tirano que no debiera ser.

La sombra late bajo tierra, es potencialidad. Un lodo oscuro y nutricio compuesto de aquello que escapa al tiempo porque ya fue, o espera ser. Esta es la función de aquel que se adentra en las sombras, abrir camino a la serpiente bajo tierra para que pueda acompañarlo a la luz del día, en lugar de tratar de diseccionarla, para que revivivifique los suelos, renovando su fertilidad. Por esto es necesaria la muerte del héroe, rindiendo su ciego orgullo de conquistador, abriéndolo como un umbral a la manifestación de lo que, hasta el momento permanecía oculto. En el mundo de las sombras la conciencia debe permanecer despierta, con el fin de guardar en la memoria las impresiones recibidas, pero debe permanecer también inanimada, para no alterarlas con la torpeza de sus imperativos dictados diurnos. Una vez vencido y entregado, una vez convertido en en umbral, el héroe volverá a levantarse, con vigor renovado, convertido en heraldo de esas potencias rescatadas del Inframundo.

El temor a la Serpiente no es otro que el temor a la pérdida del control o la esquiva “razón”, al derrumbe de los muros que construimos para proteger lo que creemos ser, del mismo modo que trazamos fronteras en los mapas, del mismo modo que clasificamos nuestro universo y vendemos nuestras almas a cambio de poder convencernos de nuestras propias ficciones sobre el mundo, sobre nosotros mismos. A partir de aquí, incluso si se trata de nuestra propia percepción, todo cuanto contradiga estas seleccionadas ficciones será declarado enemigo, será combatido, reprimido, silenciado, exiliado y alimentará en las Sombras la Serpiente que no hemos sido capaces de traer a la luz. La misma Serpiente que, convertida ya en monstruo, irrumpirá cualquier día de forma violenta en esa falsa seguridad de nuestra existencia, destrozándola para liberarnos de nuestro encierro.

Aquello que vemos entre las Sombras no es real en los objetivos términos diurnos, pero esto no significa que sea falso, la Sombra es la parte del tapiz en la que se encuentran los nudos, de la que se deduce la técnica empleada en la creación de la imagen al otro lado. Ambas naturalezas, la diurna y la nocturna, se necesitan, se retroalimentan y forman parte de aquello que somos. Sólo el considerarlas inconexas conlleva la desgracia de la pérdida del sentido profundo, la pérdida de vitalidad y gusto por esta Vida que, en ausencia de equilibrio, llegamos a considerar un regalo sin valor, o una caprichosa imposición.

De nosotros depende,  atender o desoir las enseñanzas de la Serpiente, el susurro de las Sombras. De nosotros depende recorrer de forma deliberada o forzada la engañosa senda de la Muerte, y aquello en lo que empleamos cada segundo que se nos escapa con junto a los latidos de nuestro corazón.

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Imagen: Water Serpents. Gustav Klimt, 1907

TN 03 – Capucha Andrajosa

Tatterhood

Capítulo III
Donde se habla de la Sombra

Ahora que los días se acortan, es tiempo de adentrarnos en los reinos de la Sombra, y lo haremos de la mano de “Capucha Andrajosa” (Tatterhood), un cuento noruego muy ligado a las tradiciones de brujería europea, recopilado en el siglo XIX por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen, y Jorgen Moe. Una historia fascinante que incluye trolls, brujas, niñas que montan cabras, batallas nocturnas, cabezas arrancadas y transformaciones feéricas.

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Ilustración: Sarah Diblasi Crain

La Via Nocturna

… O cómo hacer lo que debe ser hecho con nocturnidad y alevosía. De qué hablamos cuando diferenciamos la Vía Diurna y la Vía Nocturna. (Texto bilingüe)

CATALÀ

La Via Nocturna

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Compendium Maleficarum, 1608

 

Parlem de bruixes. Del vol de la bruixa. L’any 906 el Canon Episcopi recull la creença que certes dones segueixen a Diana en la seva cavalcada pels cels nocturns. Es considera a les creients “dones al·lucinades”, que seran amonestades per creure en aquesta superstició. Tot i així, als segles XIV-XV el vol de les bruixes, i el mal que son capaces de causar, s’accepten com una terrible realitat contra la que és necessari adoptar mesures dràstiques. La bruixeria és la darrera de les heretgies perseguides per la Inquisició, un culte a l’enemic del déu cristià i un perill per a la comunitat que ha d’ésser eradicat de la faç de la terra.

El model educatiu en el que hem crescut tendeix a emfatitzar la capacitat llibertadora de l’Edat de la Raó. Però, en parlar de l’Edat Moderna, s’esquiva convenientment el fet de que, juntament amb aquest nou ánim “racional”, el control sobre la població per part del poder es va accentuar en tots els sentits; aparegueren els censos, s’acceptà la tortura com a mètode per a la obtenció d’informació i es detallaren molts més assumptes respecte als que retre comptes. Aquest control creixent va estendre’s també a l’àmbit del pensament. La Edat Moderna traça un abans i un després en la relació de les persones amb el seu entorn, iniciant un procés d’Objectivació del món que la nostra civilització ha heretat de forma directe. És precisament en el periode d’aquest canvi de mentalitat en el que es produeixen les Caceres de Bruixes: Un cop “admesa” la realitat material de la bruixeria i el perill que suposava per al bé comú, esdevingué dogma. Un cop estandarditzats els mètodes i procediments per identificar la bruixa i aconseguir-ne la confessió, aquest coneixement pràctic va ésser publicat en forma de manuals i va passar a mans de les autoritats seculars, que havien de col·laborar necessàriament en l’eliminació de l’enemic general.

El vol al Sàbat és un dels trets distintius de la bruixeria europea; no es troba entre les acusacions (enverinament de pous, misses negres, canibalisme…) que havien compartit altres col·lectius perseguits en època medieval (leprosos, càtars, jueus). Bruixes capaces de fer bé o mal emprant el treball màgic les ha hagut a totes les èpoques i cultures, però el vol al Sàbat serva reminiscències dels antics paganismes i fa referència a la capacitat de certs individus de projectar una part de la seva consciència o esperit per participar, amb altres entitats descarnades, de fenòmens que es repetien cíclicament, relacionats no només amb el calendari agrícola, sinó amb els tots els processos naturals de vida i mort. La implicació humana en aquests processos – la memòria dels quals amb prou feines es conserva en la tradició folklòrica del segle XIX, i agonitza al llarg del segle XX – va lligada a una idea múltiple de l’ànima humana, així com a certes funcions actives que ha d’exercir a la Terra; un concepte marcat com “irracional” que ha estat secularment soterrat.

Quan revisem la documentació que es conserva en referència als processos de bruixeria, trobem que els inquisidors, sovint estranys ens els pobles als que arribaven, varen trobar multitud de respostes per part dels acusats. Respostes que se sortien del guió preparat per als interrogatoris. En aquells casos en els que les confessions no eren obtingudes per acció de la tortura, descobrim cosmologies i relats que varien de regió en regió, d’individu en individu, amb alguns elements en comú (el vol de l’esperit, la transformació en animal, les batalles, els banquets, el descens als Inferns…) però amb múltiples formes de concreció en imatges. Molts d’aquests practicants es consideraven bons cristians, defensors dels seus pobles contra enemics propers (humans o no), conscients d’estar acomplint un rol en les seves comunitats. La Inquisició va encarregar-se, mitjançant la tortura, però també a través de sermons, d’homogeneïtzar el discurs dels acusats de bruixeria i poblar-lo de les imatges elaborades pels demonòlegs.

El tipus de persecució a la que foren sotmeses les “bruixes” només podia dur-se a terme confiant en la “Veritat”, és a dir, arran de la creença en que la veritat era una i única, abastable mitjançant la raó i validable a través dels fets, sense admetre ambigüetats. Però quan les suposades probes de bruixeria (marques de naixement, i altres elements acusatoris), i la idea del vol físic de la bruixa, van deixar d’encaixar en el marc d’una raó refinada, la bruixeria va tornar a considerar-se una fantasia fora de la realitat. Fins fa relativament poc – i, en molts casos, encara avui- tot el que es considerava necessari descobrir respecte el vol al Sàbat era quina classe de droga provocava les  droga provocava les “al·lucinacions”. Amb això, ja es consideraria resolt i explicat l’incòmode cas de la bruixeria. El que la nostra civilització va sacrificar amb les “bruixes” que van anar a la forca o a la foguera fou la validesa de l’experiència subjectiva a l’hora d’entendre, explicar i participar en el món.

Potser aquesta sigui la major aportació de la bruixeria al món actual, el motiu pel que ens és tan necessària: La consciència de la vertadera dimensió de la humanitat, com un element integrat en la resta de la existència, amb funcions que acomplir; la capacitat de recuperar  el poder de l’experiència subjectiva, d’endinsar-se en l’ombra i dialogar amb els seus habitants, portant les potencialitats a la superfície, seguint el mateix camí de la llavor que germina sota terra i fructifica sobre ella. La bruixeria, tal com aquí és entesa, emfatitza la relació, el vincle amb l’entorn visible i invisible. Concep l’existència (i l’individu) com una successió de capes de fronteres permeables. En lloc de cercar la evasió cap a una idea abstracte de Paradís, es compromet amb la Terra que habita, sabent que el seu aspecte més dens, la materialitat, no es sinó filla d’un somni col·lectiu. La bruixeria és l’art de descobrir que la única separació entre el Paradís (o l’Edat Daurada) i la Terra es troba en la nostra percepció, i actuar en conseqüència.

Donat que hem estat educats en un model molt diferent, recuperar aquesta visió de la realitat no és un procés senzill, i sovint trobem resistències. Però una vegada la nostre ment comença a familiaritzar-se amb aquesta forma de concebre la realitat, ha de seguir-la la resta del nostre ésser, i per aconseguir-ho amb prou feines comptem amb referències d’aquelles experiències que els nostres avantpassats – si més no, alguns d’ells-  haurien assumit amb major naturalitat.

Quan parlem de la Via Diürna, ens referim a una sèrie d’eines que ens ajuden a funcionar correctament en el món “objectiu”, ens ajuden a endreçar les nostres idees i també a donar cert ordre a les nostres vides, tenint en compte els diferents aspectes del nostre ésser i començant a desenvolupar el seu potencial. La Via Diürna inclou tècniques que no ignoren el valor de la subjectivitat, però se centra en els processos “sobre terra”, en el nostre àmbit regular d’actuació. Com hem estat educats precisament per viure en aquest àmbit reduït, la nostra ment i el nostre cos son més receptius a acceptar algunes millores funcionals, i és un bon punt per començar a prendre consciència de les nostres capacitats.

Però la Via Nocturna és el camí que prenem cap a les ombres i els resplendors del Món, i de nosaltres mateixos. Donat que gran part del coneixement que vam tenir al respecte s’ha perdut, donat el tarannà mateix d’aquests territoris, a mesura que ens allunyem de les zones relativament cartografiades, augmenta el risc de trobar allò imprevisible. Més enllà dels límits de la nostra comprensió racional habiten els dracs que guarden els tresors que no poden ésser guanyats mitjançant la força o l’engany. Tal com succeeix en el regne oníric, les formes flueixen i les fronteres de l’individu es dilueixen en la dansa de poderoses corrents. Ningú torna d’aquest contacte essent el mateix que partí, ningú torna sense haver perdut el Món que coneixia i guanyat un de nou. Per això, la Via Diürna pot ajudar-nos a estar en les condicions necessàries per assumir els riscos que comporta el transit per la Via Nocturna, per recollir el que quedi de nosaltres i establir un nou ordre, després del caos a tots els nivells que pot comportar el viatge, ajudant-nos a integrar la experiència en les nostres vides quotidianes. A la Via Diurna veien néixer, fructificar i morir les manifestacions del món objectiu. A la Via Nocturna ens perdem en les possibilitats infinites que implica la dissolució, per emergir en una nova encarnació, en una concreció o manifestació única, que discrimina necessàriament la resta.

En cap d’aquestes Vies fem camí sols. L’ésser humà és un canal entre les forces terrestres i les influències que es troben per sobre del cels sobre els nostres caps; tantes capes hi ha entre elles com parts del nostre ésser, i habitants pertanyents a cada nivell, amb els que som vinculats de la mateixa manera, en la mateixa continuïtat. Tot allò que sorgeix de les profunditats de la terra, de les regions de l’ombra, ho fa, en certa manera, per atracció dels estels. I així com el món en el que hem crescut, la nostra suposada realitat objectiva, no és més que la regió visible del Somni de la Terra, tot l’àmbit terrestre resulta ínfim si el comparem amb les Potencies estel·lars que ens recolzen i guien en l’acompliment de les nostres funcions. Tots els nostres dimonis anhelen els estels, que no poden abastar per ells mateixos, sinó desvetllant en nosaltres aquesta mateixa fam. Tan se val amb quantes altres coses provem d’apaivagar les seves exigències, tan se val quantes altres coses sacrifiquem per provar de mantenir-los al marge: els nostres luxes, els nostres béns, la nostra felicitar o les nostres vides… res no saciarà la seva incansable voracitat, tret l’encalçar el camí vers els estels. Això vol dir abraçar una major dimensió de nosaltres mateixos, que trencarà des de dins els límits del nostre antic ésser, i n’esfondrarà els pilars. El viatge d’anada a les profunditats implica una dissolució equivalent a la mort, mentre que el retorn a la superfície imposa un nou, en ocasions dolorós, naixement a la llum.


CASTELLANO

compendium maleficarum
Compendium maleficarum, 1608

La Vía Nocturna

En el año 906 el Canon Episcopi recoge la creencia de que ciertas mujeres siguen a Diana en su cabalgata por los cielos nocturnos. Se considera a las creyentes como “mujeres alucinadas”, que serán amonestadas por seguir esta superstición. Sin embargo, en los siglos XIV-XV el vuelo de las brujas, y el mal que éstas son capaces de causar, se acepta como una terrible realidad contra la que es necesario tomar medidas drásticas. La brujería es la última de las herejías perseguidas por la Inquisición, un culto al enemigo del dios cristiano y un peligro para la comunidad que debe ser erradicado de la faz de la tierra.

El modelo educativo en el que hemos crecido tiende a enfatizar la capacidad libertadora de la Edad de la Razón. Pero al hablar de la Edad Moderna suele esquivarse convenientemente el hecho de que, juntamente con este nuevo ànimo “racional”, el control sobre la población por parte del poder se estrechó en todos los sentidos; se inventaron los censos, se aceptó la tortura como método para obtener información, y se detallaron más asuntos sobre los que rendir cuentas. Este control creciente se extendió también al área del pensamiento. La Edad Moderna traza un antes y un después en la relación de las personas con el entorno, iniciando un proceso de Objetivación del mundo del que nuestra civilización es heredera directa. Es precisamente en este cambio de mentalidad en el que se producen las Cazas de Brujas: Una vez “admitida” la realidad material de la brujería y el peligro que suponía para el bien común, devino dogma. Una vez estandarizados los métodos y procedimientos para identificar a la bruja y lograr la confesión, este conocimiento práctico se publicó en manuales y quedó en manos de las autoridades seculares, que debían colaborar en la eliminación del enemigo general.

El vuelo al Sabbat es uno de los rasgos distintivos de la brujería europea; no se encuentra entre las acusaciones (envenenamiento de pozos, misas negras, canibalismo) que habían compartido otros colectivos perseguidos en época medieval (leprosos, cátaros, judíos). Brujas y brujos, capaces de hacer bien o mal mediante el trabajo mágico, los ha habido prácticamente en todas las culturas, de cualquier época. Pero el vuelo al Sabbat guarda reminiscencias de los antiguos paganismos y hace referencia a la capacidad de ciertos individuos de proyectar una parte de su conciencia para participar, junto a otras entidades descarnadas, de fenómenos que tenían lugar cíclicamente, relacionados no sólo con el calendario agrícola, sino con los procesos naturales de vida y muerte. La implicación humana en estos procesos – la memoria de los cuales difícilmente se conserva en la tradición folklorica del siglo XIX y agoniza a lo largo del XX – está ligada a una idea múltiple del alma, así como a ciertas funciones activas que ésta ha de ejercer en la Tierra; ambos conceptos marcados como “irracionales” que ha sido secularmente soterrado.

Cuando revisamos la documentación que se conserva sobre los procesos de brujería, encontramos que los Inquisidores, a menudo extraños en los pueblos a los que llegaban con sus guiones de interrogatorio, encontraron multitud de respuestas por parte de los acusados. En aquellos casos en los que las confesiones no son extraídas bajo tortura, descubrimos cosmologías variadas de región en región, de individuo en individuo, con algunos puntos en común (el vuelo en espíritu, la transformación en animal, las batallas, los banquetes, el descenso a los Infiernos…) pero con múltiples formas de concreción en imágenes. Muchos de estos practicantes se consideran a sí mismos cristianos, defensores de sus aldeas contra enemigos cercanos, conscientes de estar cumpliendo un rol en sus comunidades. La Inquisición se encargó mediante torturas, pero también mediante sermones, de homogeneizar el discurso de los acusados por brujería y poblarlo de la imaginería elaborada por los demonólogos.

Esta clase de persecución sólo podía llevarse a cabo confiando en la “Verdad”, en que la verdad era una y única, alcanzable mediante la razón y validable a través de hechos, sin admitir ambigüedades. Cuando las supuestas pruebas de la brujería (marcas de nacimiento y otras señas delatoras) y la idea del vuelo físico de la bruja dejaron de encajar en el marco de una razón refinada, la brujería volvió a considerarse una fantasía fuera de la realidad. Hasta hace relativamente poco – y en muchos casos, aún hoy- todo lo que había que descubrir sobre el vuelo al Sabbat era qué clase de droga provocaba las “alucinaciones”. Con eso, se considera resuelto y explicado el incómodo asunto de la brujería. Lo que nuestra civilización sacrificó junto con las “brujas” que fueron a la horca o a la hoguera fue la validez de la experiencia subjetiva a la hora de entender, explicar y participar en el mundo.

Tal vez sea esa la mayor aportación de la brujería a la actualidad, el motivo por el que es tan necesaria: La conciencia de la verdadera dimensión de la humanidad, como un elemento integrado en el resto de la existencia con funciones que cumplir; la capacidad de recuperar el poder de la experiencia subjetiva, de adentrarse en la sombra y dialogar con sus moradores, trayendo las potencialidades a la superficie siguiendo el mismo recorrido de la semilla que germina bajo tierra y fructifica sobre ella. La brujería, tal como aquí es entendida, enfatiza la relación, el vínculo con el entorno visible e invisible. Concibe la existencia (y al individuo) como una sucesión de capas de fronteras permeables. En lugar de buscar la evasión hacia una idea abstracta de Paraíso, se compromete con la Tierra que habita, sabiendo que su aspecto más denso, la materialidad, no es sino hija de un sueño colectivo. La brujería es el arte de descubrir que la única separación entre el Paraíso (o la Edad Dorada) y la Tierra se encuentra en nuestra percepción, y actuar en consecuencia.

Dado que hemos sido educados en un modelo muy diferente, recuperar esta visión de la realidad no es un proceso sencillo, y a menudo encontramos resistencias. Pero una vez nuestra mente empieza a familiarizarse con esta forma de concebir la realidad, debe seguirle el resto del ser, y para ello apenas tenemos referencias acerca de las experiencias que nuestros antepasados – al menos algunos entre ellos- habrían asumido con mayor naturalidad.

Cuando hablamos de la Vía Diurna nos referimos a una serie de herramientas que nos ayudan a funcionar correctamente en el mundo “objetivo”, nos ayudan a ordenar nuestras ideas y también a dar cierto orden a nuestra vida, teniendo en cuenta los diferentes aspectos de nuestro ser y empezando a desarrollar su potencial. La Vía Diurna incluye técnicas que no ignoran el valor de la subjetividad, pero se centra en los procesos “sobre tierra”, en nuestro ámbito regular de actuación. Como hemos sido educados precisamente para vivir en este ámbito reducido, nuestra mente y nuestro cuerpo están más receptivos a aceptar algunas mejoras funcionales, y es un buen punto para empezar a tomar conciencia de nuestras capacidades.

Pero la Vía Nocturna, es el camino que emprendemos hacia las sombras y resplandores del Mundo, y de nosotros mismos. Dado que mucho del conocimiento que tuvimos al respecto se ha perdido, dada la naturaleza misma de estos territorios, a medida que nos alejamos de las zonas relativamente cartografiadas, aumenta el riesgo de lo imprevisible. Más allá del límite de nuestra comprensión racional, habitan los dragones y guardan los tesoros que no pueden ser conquistados mediante la fuerza o el engaño. Al igual que sucede en el reino onírico, las formas fluyen y las fronteras del individuo se diluyen en la danza de poderosas corrientes. Nadie regresa de este contacto siendo el mismo que partió, nadie regresa sin haber perdido el Mundo que conocía y ganado uno nuevo. La Vía Diurna puede ayudarnos a estar en las condiciones necesarias para asumir los riesgos que comporta la Vía Nocturna, para recoger lo que quede de nosotros y establecer un nuevo orden tras el Caos a todos los niveles que puede comportar el viaje, ayudándonos a integrar la experiencia en nuestras vidas cotidianas. En la Vía Diurna vemos nacer, fructificar y morir las manifestaciones del mundo objetivo. En la Vía Nocturna nos perdemos en las posibilidades infinitas que implica la disolución, para emerger en una nueva encarnación, en una concreción o manifestación única, que discrimina necesariamente el resto.

En ninguna de las Vías caminamos solos. El ser humano es un canal entre las fuerzas terrestres y las influencias que se hayan por encima del cielo sobre nuestras cabezas; tantas capas hay entre ellas como partes de nuestro ser, y moradores pertenecientes a cada nivel, con los que estamos igualmente vinculados. Todo aquello que surge de las profundidades de la tierra, de las regiones de la sombra, lo hace, en cierto modo, porque las estrellas lo atraen hacia sí. Y así como el mundo en el que hemos crecido, nuestra supuesta realidad objetiva, no es más que la región visible del Sueño de la Tierra, todo el ámbito terrestre, resulta ínfimo si lo comparamos a las Potencias estelares que nos apoyan y guían en el cumplimiento de nuestras funciones. Todos nuestros demonios anhelan las estrellas, que no pueden alcanzar por sí mismos, sino despertando en nosotros esa misma hambre. No importa con cuantas otras coses intentemos calmar sus exigencias, no importa cuántas otras cosas sacrifiquemos para intentar mantenerlos al margen: nuestros lujos, nuestros bienes, nuestra felicidad o nuestra vida… nada saciará su inagotable voracidad salvo el emprender el camino hacia las estrellas. Esto significa abrazar una mayor dimensión de nosotros mismos, que romperá desde dentro los límites de nuestro antiguo ser, y hundirá sus pilares. El viaje de ida a las profundidades implica una disolución equivalente a la muerte, mientras que el retorno a la superficie impone un nuevo, y en ocasiones doloroso, nacimiento a la luz.

Complicidad del territorio

Golden Goddess, Michelle Janean Pier

Cuando hablamos de conexión con el territorio la literatura nos condiciona a pensar en lugares de poder. Sin embargo, no podemos olvidar que el primer territorio es nuestro cuerpo, el segundo, nuestra casa, y el tercero nuestro entorno inmediato. Estos no son sólo territorios con los que “conectamos“, sino que habitamos.
Cuando extendemos nuestros vínculos a la tierra que nos sostiene, al aire que respiramos, al resto de seres que laten en un lugar concreto, el Territorio responde. Formamos parte de una realidad que va más allá de los límites de nuestra piel y, al mismo tiempo, es capaz de permearla y afectarnos. A medida que tomamos conciencia de los vínculos que nos unen al entorno, empezamos a identificar los intercambios que se producen en esta relación, y del mismo modo que la afinidad puede hacer que dos personas ajusten el ritmo de sus pasos, de sus respiraciones, o del latido de sus corazones para sincronizarse, el Territorio con el que hemos conectado nos acompaña.

A día de hoy, cuando salgo a la terraza siento una afinidad completa con el paisaje que me recibe, pero no siempre ha sido así. Tras el cañaveral que crece en el lecho de un riachuelo en letargo, resiste una humilde pineda rodeada de campos de cereal. El sonido de las campanas llega en el aire de la tarde, cargado de recuerdos de otras gentes, y de noche se ven las estrellas y se escucha a las cigarras. Las urracas graznan entre las ramas, las palomas acuden a abrevarse a la fuente, los gatos desarrollan sus interesantísimas vidas entre la sombra y el sol y, de vez en cuando, si ellos no están, se asoma algún conejo. Cuando los vecinos sueltan a sus caballos, se les puede ver paciendo o trotando a sus anchas y oír sus relinchos. Pero cuando llegué, era incapaz de ver nada de todo esto, y de hecho, hubiera dado cualquier cosa por estar en cualquier otro lugar.

A penas empezaba a familiarizarme con el entorno, cuando un día llamé para preguntar si hacía falta algo de supermercado, y supe del incendio. Mi madre me habló, aún asustada, de cómo se había extendido el fuego, crepitando furioso y aparentemente incontrolable… En lugar de acercarse a nuestro edificio, se había adentrado en los campos, devorándolos. Cuando llegué el aire aún olía a humo, y los bomberos estaban apagando los últimos rescoldos. Los campos estaban negros, el sotobosque convertido en cenizas, pero a excepción de un pino que fue necesario talar, el resto de los árboles  habían resistido sin demasiados daños. Recuerdo haber intentado tranquilizar a mi madre diciendo: “Está bien, es triste y nos hemos asustado, pero está bien. Se han perdido un par de campos, pero volverán a crecer. Hemos perdido un pino, pero el resto sigue en pie, y con el sotobosque limpio, nos aseguramos que no haya otro incendio este verano. Y si miras afuera, se sigue viendo verde.”

Algunas horas después, al meterme en la cama, sentí que algo por dentro me decía “Igual tú”. Como de costumbre, tardé unos días en darme cuenta de que, efectivamente, en los últimos meses se había producido una especie de maravilloso incendio en mi vida. Algunas veces la única manera de salir de una trampa es llevarla hasta las últimas consecuencias, quemar los barcos para asegurar que nunca regresaremos. Fue un fuego intenso, crepitante y sinceramente delicioso danzando sin piedad sobre una cosecha que no estaba destinada a ser recogida, sino a ser entregada en sacrificio. Y por más que mi nariz, mi boca y mis ojos se llenaran con las cenizas de la pérdida, lo cierto es que el paisaje seguía siendo verde. Y allí estaba mi nuevo Territorio para constatarlo.

Nunca he tenido paciencia, y pocas veces medida. He tratado de disimularlo, pero siempre se me ha dado mal mentir; lo quiero todo, y lo quiero ya (y a poder ser, a mi manera)… Aún así, cada mañana salgo a la terraza, y contemplo los campos a través del verde, y pienso que no está tan lejos el día en el que el viento del verano haga ondear nuevas cosechas sobre la piel de la tierra. No hay que esperar a que el sol salga por el oeste; sólo dejar que esa tierra repose, acune nuevas semillas en su seno y las devuelva, generosa, a la luz del sol.

Y está perfectamente bien para mí.
Las arañas tienden y recogen cada día sus preciosas redes en la barandilla de la terraza… Siempre me gustó tener una araña en el balcón. Y tengo otras muchas razones para estar aquí, ahora.

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Imagen: Golden Goddess, Michelle Janean Pier

Solsticio, Miquel Martí i Pol

Masaaki Sasamoto 4

Acudimos al pasado en busca de respuestas. No a un pasado ajeno, sino al propio, para reencontrarnos lo que late debajo de la cáscara, de la crisálida, de la prisión que hemos tejido a nuestro alrededor, para confrontar nuestro propio ser: “Es importante aprender a desprenderse de lo que una vez fuimos, y comprender que en otro momento seremos otros. No dejarnos paralizar cuando las cosas nos sorprendan, y no se parezcan a nada de lo que nos habían dicho, o creíamos que debían ser. No temer cruzar los límites por los que nos definíamos. Porque no se trata de recortar la Vida hasta reducirla a nuestras dimensiones, sino de crecer tratando de abarcarla, aunque esto suponga rompernos por completo una y otra vez. “

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Solsticio

Reconduzcamos poco a poco, la vida,
poco a poco y con mucha confianza,
no por los viejos senderos ni por atajos
grandilocuentes, sino por el discretísimo
camino del hacer y deshacer de cada día.

Reconduzcámola con dudas y proyectos,
y con torpezas, anhelos y desfallecimientos,
humanamente, entre ruido y angustias,
por la cuenca de los años que nos corresponde vivir.

En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida con la certeza
de que ningún esfuerzo cae en tierra estéril.
Llegará el día en que alguien beberá a manos llenas
el agua de luz que brote de las piedras
de este tiempo nuevo que ahora esculpimos.

Miquel Martí i Pol

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Imagen: Masaaki Sasamoto

Tiempo al tiempo

 

Mi otra realidad está hecha de caminos entre campos, ahora a medio segar, bajo un sol abrasador. De sonrisas espontáneas en el transporte público. Del mejor café con leche y croissant que he probado jamás, en un lugar insospechado al que aquellos que me conocen bien saben que pueden venirme a buscar. De un trabajo sin pizca de prestigio en el que pasamos frío y hablamos, reímos y jugamos como adolescentes que pasan la tarde en el banco de una plaza. De lecturas que son al tiempo un arrebatador descubrimiento y un reencuentro. De las discusiones y reconciliaciones con mi gato. De los devaneos de mi propia mente, que a menudo no llevan a ningún lugar… Ni falta que hace. De encontrarme conmigo misma, con la sombra y el resto de demonios, de paseo en cada situación cotidiana.

Salgo a la terraza a leer, de vez en cuando levanto la vista hacia los árboles, recorro sus formas perfectas entre las que aletean urracas y palomas, y disfruto del saludo del aire. He tardado lo mío en descubrir lo bien que se está en este rincón del mundo, del mismo modo que en una época en la que las etiquetas y las expectativas pesaban más que mi experiencia directa, era incapaz de darme cuenta de la suerte que tenía con el trabajo. Me pregunto cuántas cosas me quedan por descubrir, ese tipo de buenas cosas que simplemente esperan que nos demos cuenta de que existen y que tienen la amabilidad de revelarse sin rencores.

Mi vida es intensa, y a mí me gusta que sea así. Hay momentos de incertidumbre y sufrimiento terribles, entre cuyas negras nubes irrumpe un relámpago iluminador y, a veces, incluso un arco iris cruza el cielo tras la tormenta. Hay momentos en los que quisiera decirme a mí misma que no podré seguir adelante, pero es tontería. Y así, mientras pasan días buenos y malos, hay un espacio para estas cosas de las que también debo escribir. Pequeños placeres, gestos de amabilidad, ternura o comprensión, revelaciones que surgen de donde menos se las espera, la sensación de que, a pesar de todo, todo está bien y es como debe ser.

-Pero ¿de qué va la brujería? A mí me suena al tarot…
-Bueno, tiene que ver con practicar magia pero no es cómo tener una varita mágica. Quiero decir, viendo mi vida y las cosas que manifiesto a mi alrededor ¿os parece que tenga una varita mágica? Usamos conjuros, hierbas y técnicas, pero eso no es más que una manera de concentrar la atención y la energía para gestionar mejor la vida… y con eso se hace lo que se puede, hay muchos factores a tener en cuenta.

Y aún así, mirando bien este lado de la realidad, es posible que no se me de del todo mal.
Tiempo al tiempo.

El Otro Fuego

“(…) A penas salimos a los caminos del mundo, nos rodean señales, indicaciones, consejos, más o menos bienintencionados. Nos hacen creer que hay un manual, una fórmula del éxito, y nos describen las opciones que tenemos para concebir ese éxito en cada uno de los ámbitos de nuestra existencia; éxito material, éxito profesional, éxito amoroso, éxito espiritual… Y sin embargo, cuando la llama ha seguido viva durante el suficiente tiempo, llega un momento en el que lo convierte todo en cenizas y nos recuerda que ese será algún día también nuestro destino. Los caminos se retuercen para llevarnos dónde ellos quieren, alejándonos de nosotros mismos; las fórmulas nos van envenenando, volviéndonos cansados, rabiosos, porque al llegar a nuestras metas se convierten en humo, dejando un sabor de fracaso que tratamos de disimular torpemente con las habilidades que hemos ganado en nuestro sendero de extravío, un segundo antes de saltar con avidez a por otro falso logro.

Seas quien seas, vengas de donde vengas, conserva esa llama en ti. Reavívala cuando tengas oportunidad. Llegado el momento, arrasará con las ilusiones que nos alejan de la vida para encajarnos en su teatro de títeres, pintándonos una máscara y escribiendo un guion que nada tiene que ver con lo que llevas dentro, sino con lo que a otros les interesa que repitas. Conserva esa llama que te mantiene con vida, aunque a veces esto suponga un sacrificio, y no sólo un sacrificio material, sino la terrible pérdida de inocencia que implica observar las fuerzas que mueven el mundo, y los dominios que han asentado en tu propia mente.

Conserva esa llama y agradece que en algún momento te arrastre al abismo y te deje allí solo, o sola, sin poder hacer mucho más que pensar si realmente no hay otros caminos a parte de los que ahora has considerado, si no hay objetivos con más significado que aquellos que hasta ahora has perseguido. Conserva esa llama, aunque no puedas hacer más que mantener esos sueños de grandes alas, tan inapropiados a las circunstancias, y por amor a ellos hayas tenido que renunciar al confort de una vida de catálogo, a la seguridad de estar haciendo las cosas bien, o a la aprobación de propios y extraños. Conserva esa llama aunque te duela ver la facilidad con qué las lenguas zalameras se tornan viperinas y las palmaditas en puñaladas, sigue adelante porque ni las unas ni las otras son más que una ilusión. Y aunque una y otra vez te aconsejen, pidan, ordenen o exijan que bajes la cabeza, sigue adelante porque sólo aquello que nos inspira respeto genuino puede enseñarnos algo acerca de la humildad.

Conserva esa llama, deja que sea tu única compañía, tu guía. Interrógala acerca de todo aquello que es necesario corregir o dejar atrás, acerca de todas las heridas que arrastras, acerca de tus propias culpas, acerca de tus frustraciones, acerca de aquello por lo que sea que llegaste a este mundo, acerca de lo que tienes para dar y las maneras de hacerlo, acerca de lo que en verdad necesitas y cómo encontrarlo. Permite que te responda con la sinceridad de un espejo que no encontrarás nunca entre los hombres y no temas sus respuestas, porque nada puede haber que lleves contigo a lo que no estés sobreviviendo en este mismo instante. Y una vez tengas las respuestas, sigue adelante.

Sigue adelante aunque el camino te lleve de paseo a tus propios infiernos, tan aparentemente lejos de todo lo que un día deseaste llegar a tener, conocer o ser. Sigue adelante incluso si un día te pide el sacrificio de los sueños de grandes alas que tanto costó mantener con vida, por los que llegaste aquí, y te abandona, desnudo, delante de una simple puerta. Porque por esa puerta se cruza a la única vida que merece ser vivida, aquella en la que abrazarás lo que tu alma ha buscado por tanto tiempo, creyéndose perdida y maltratada, y su presencia será tan real como te hayas hecho tú en el proceso de deshacerte de todo aquello que nos sobra.(…)”

 ***

 

Así me hablo desde el pasado, en un texto reencontrado. Así me asalta el recuerdo del agónico esfuerzo contra esa ilusión que llamamos mundo, que terminó por vencerme. Tal vez sólo estoy aquí  porque es necesario decir que, aún consumiéndonos por completo en el intento de conservarla, en ocasiones la llama de nuestro ser termina por ahogarse en las brumas ponzoñosas de lo convencional. Que así morimos, aún en vida, derrotados y olvidados de nosotros mismos.

Pero ningún sacrificio genuino puede ser desatendido.

En el abismo profundo existe una oscuridad que abraza cada estrella caída, un silencio cuyo canto hila un nuevo destino. En el seno de los Infiernos remotos la llama vuelve a nacer, con gozo e inocencia renovados. Y es un fuego de otro color, de otra naturaleza, el que ilumina y ciega en un temblor salvaje antes de ser irremediablemente empujado de vuelta a la superficie.

Tal vez sólo estoy aquí porque es necesario decir que siempre hay un sendero, por tortuoso que resulte. Que un fuego inextinguible habita el fondo de las cosas, y sólo aguarda, con paciencia infinita, el momento adecuado para darse a conocer.

Imagen: Franz von Stuck, The Sin (fragmento), 1893.