0 Al Este del Sol, al Oeste de la Luna 0

reginald knowles

Hubo un tiempo en el que aceptar que nunca podemos dar por cierto que veremos otra primavera era más sencillo. En aquel pasado, el paisaje era el escenario, y no había otra iluminación que la proporcionada por el sol, la luna o el fuego. La huella viva en la memoria de lo terrible y maravilloso hacia incecesarios trucos y embelesamientos. En esas noches crueles y bellísimas hombres, mujeres y todo tipo de espírituas y criaturas se reunían, y así mismo se reunían sus glorias y sus miserias, y compartían las historias que hacían de su vida algo más que mera supervivencia.

Aún hoy, si por algún motivo nos vemos momentáneamente liberados de las redes del convencionalismo, notamos cómo cuando la oscuridad gana terreno, y el frío araña los cristales de nuestras ventanas, renace un impulso al relato, al tejido común de la palabra sobre el silencio helado. Un sombrío mendigo, anciano y ranqueante, toca a nuestra puerta y si decidimos darle cobijo, descubrimos que lo sigue un desfile interminable de recuerdos, una corte innumerable de historias que, siendo ajenas, podemos reconocer y, siendo nuestras, no nos pertenecen por completo.

Un programa largo y relativamente denso, como los platos que se cocinan en invierno y por los mismos motivos. Dos cuentos noruegos nos servirán de guía en este recorrido por las noches más oscuras del año: Al Este del Sol, al Oeste de la Luna y Valemon el Rey Oso Blanco, compilados por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørigen Moe, y publicados por primera vez en 1841.

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Imagen: Reginald L. Knowles y Horace J. Knowles, para Norse Fairy Tales, 1910

Dionisio y el espejo

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… ¡Ah, doncella Perséfone! ¡No podrías encontrar modo de escapar de tu apareamiento! No, un dragón fue tu compañero, cuando Zeus cambió su rostro y acudió, rodando en una espiral amorosa a través de la oscuridad hasta el rincón de la habitación de la doncella, y sacudiendo sus velludas cabelleras, deslizándose, arrulló los ojos de esas criaturas de su misma forma que custodiaban la puerta hasta el sueño. Lamió suavemente la figura de la chica con labios seductores. Por este matrimonio con el dragón celestial, el útero de Perséfone se hinchó de frutas vivas, y ella le dio a Zagreo, el bebé cornudo, quien ascendió al trono celestial de Zeus y blandió un rayo en su pequeña mano, y recién nacido, se irguió con rayos en sus tiernos dedos.

Por el resentimiento feroz de la implacable Hera, los Titanes se untaron astutamente sus rostros redondos con una tiza engañosa, y mientras contemplaba su rostro cambiante reflejado en un espejo, lo destruyeron con un cuchillo infernal. Allí donde sus extremidades habían sido cortadas lentamente por el acero de los Titanes, el final de su vida fue el comienzo de una nueva vida como Dionisio. Apareció en otra forma y se transformó en muchas formas: ahora joven como el astuto Crónida [Zeus] sacudiendo la égida, ahora como el antiguo Kronos de rodillas pesadas, portador de la lluvia. A veces un bebé curiosamente formado, a veces un joven loco con la sombra de los primeros vellos oscuros bajo su barbilla. Otra vez, un león mimético emitió un horrible rugido de rabia furiosa desde una salvaje garganta, mientras levantaba un cuello cubierto por una espesa melena oscura, golpeando su cuerpo a ambos lados con el látigo la cola ondeando sobre su peluda espalda. Luego, abandonó la apariencia del león para lanzar un relincho resonante, apareciendo un caballo indómito alzando el cuello para rechazar el imperioso diente de la mordida, y en ese movimiento, blanqueó su mejilla con blanca espuma. Luego surgió de su boca un siseo silbante, en la forma de una encrespada serpiente cornuda, cubierta de escamas, sacando la lengua de su garganta abierta, y saltando sobre la sombría cabeza de algún Titán que rodeaba su cuello en serpentinas espirales. Luego dejó la forma del inquietante reptador y se convirtió en un tigre con hermosas rayas en su cuerpo; y aún como un toro rugiente, golpeó a los Titanes con cuerno afilado. Así luchó por su vida, hasta que Hera de la garganta celosa bramó ásperamente por el aire, ¡esa madrastra resentida! Y las puertas del Olimpo resonaron con el eco en su garganta celosa desde el cielo. Entonces el toro audaz se derrumbó: los asesinos, cada uno ansioso por su turno con el cuchillo, despedazaron a Dionisio en forma de toro.

Después de que los primeros Dionisos fueron masacrados, el padre Zeus aprendió el truco del espejo con su imagen reflejada. Atacó a la madre de los Titanes [Gaia, la Tierra] con una marca vengativa, y encerró a los asesinos del astado Dionisio tras la puerta del Tártaro: los árboles ardieron, el cabello de la sufriente Gaia se chamuscó con el calor. Él encendió el Este: las tierras de la aurora de Bactria ardieron bajo relámpagos candentes, las olas asirias incendiaron el vecino mar Caspio y las montañas indias, el Mar Rojo hizo rodar oleadas de llamas y calentó al árabe Nereo [mar]. El oeste opuesto, también el fogoso Zeus, arremetió con el rayo en amor por su hijo; y bajo el pie de Céfiro [el Viento del Oeste] el ardiente mar occidental escupió una corriente brillante; los picos septentrionales, e incluso la superficie del helado mar del Norte burbujeó y ardió: bajo el clima del nevado Capricornio, el cuarto meridional hirvió con chispas aún más calientes. Océano derramó ríos de lágrimas de sus ojos llorosos, una libación de oración suplicante. Entonces Zeus calmó su ira a la vista de la tierra quemada; se compadeció de ella y lavó con agua las cenizas de las ruinas y las heridas del fuego de la tierra. Entonces Zeus portador de la lluvia cubrió todo el cielo con nubes e inundó toda la tierra…”

Nonno, Dionysiaca, Libro VI

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Imagen: Joven Dionisio en un tigre, Mosaico de la Casa del Fauno, Pompeya.

TN06 – Ojos de Estrella

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Capítulo VI
Donde desde lo más profundo se mira a lo más alto

A las puertas del Solsticio, en el corazón del invierno, en uno de los periodos más mágicos del año nos reunimos para compartir historias, como muchos antes que nosotros lo hicieron. Fuera, en la oscuridad, multitud de espíritus cabalga sobre el viento helado, como si el sueño de tierra, dormida bajo un manto de hielo corporeizara caprichosas imágenes en la bruma, mientras en su vientre las semillas empiezan a germinar. Todo en lo profundo de esta noche es un último canto de despedida a lo que fue, y una promesa encendida de lo que está por venir.

Así lo hemos notado a lo largo del tiempo, y hemos tratado de traducir en cantos, en ritos o en mitos que danzan entorno a un Misterio que no puede ser explicado, sino experimentado. El cuento de esta noche también es especial, y nos llega de Finlandia, de la mano de Zacrhis Topelius. Lleva por título Ojos de Estrella.

 

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Ilustración: Summer night, Akageno Saru

Terra, Joan Vinyoli

Takato Yamamoto
Takato Yamamoto, Woman in branches

 

La Terra

Arbre de càntic a mercè
de vents contraris a la terra,
meu estatge, la terra
m’ha nodrit les arrels:
la muntanya i el bosc,
el ponent i l’aurora,
són dintre meu, són ja la meva sang.

Diré tan sols: empara’m, terra,
damunt la teva falda i en els ulls
posa’m la mà feixuga de silenci.
M’adormiré en la tarda blava
dels teus ulls.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

 

No només en el llampec que enlluerna anunciant aquell brogit que farà tremolar el sòl sota els nostres peus, sinó també en la humil remor de la pluja que arrossega suaument la terra, creant senders insospitats al seu pas atzarós.

Un dia, i un altra dia, com denes en un collar que el temps va desgranant, les corrents desvetllades ens porten en elles, mentre allò que fórem va perdent-se en la callada tenebra de l’oblit. L’esbarzer amb les seves urpes, la roca amb el seu coltell, fan seva la pell que deixem pel camí,  i ja no ens dol el sacrifici, si es que se’n pot dir sacrifici de l’alliberament dels vells límits, de la dissolució de les fronteres del nostre ésser. No ens dol, però si fes mal, tant se valdria, amarats ja del daurat del capvespre de tardor, de l’aurora hivernal.

Algunes tardes quelcom crida, i jo em deixo portar, lluny de les veus del món, pels camins deserts entre els camps remoguts, fins el que ens queda de bosc. Jec sota el brancatge de l’alzina, en un jaç de roca i fulles seques, sobre la terra humida. Respiro el fred i sento el batec que ens uneix, mentre la nit va estenent-se al nostre voltant com un vel de foscor. Del laberint dels Salons Soterranis, grimpen per les arrels els càntics del cor de l’estiu, refugiat en la sina de la terra, com el foc de llar primera.

Sento la mort en cada alenar,  conscient de que allò que em conforma ha canviat com els colors d’aquest paratge que ens empara. A través de la cúpula de les fulles, des del nostre cel ferit, s’escola encara la llum d’alguns estels. Moro en cada alenar, de la mateixa manera que viuré quan no quedi res del que he estat, quan tota jo sigui ja terra.

Moren les paraules en creuar el llindar, superades per allò que voldríen dir però no acabaran mai de copsar, regna el silenci. Anem pels marges, amb tot el que som, alè i batec, ossos i carn, lliurant-nos, extraviant-nos, meravellats alhora de la nostra fragilitat, i de la força callada que s’amaga al darrera i ens empeny a través de les ombres i la llum.

 

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La Tierra

Árbol de cántico a merced
de vientos contrarios a la tierra,
mi morada, la tierra
ha nutrido mis raíces:
la montaña y el bosque,
el poniente y la aurora,
son en mi, son ya mi sangre.

Diré tan solo: ampárame, tierra,
sobre tu regazo y en los ojos
ponme la mano pesada de silencio.
Me dormiré en la tarde azul
de tus ojos.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

No sólo en el relámpago que deslumbra anunciando aquel ruido que hará temblar el suelo bajo nuestros pies, sino también en el humilde rumor de la lluvia que arrastra suavemente la tierra, creando senderos insospechados a su azaroso paso.

Un día, y otra día, como cuentas en un collar que el tiempo va desgranando, las corrientes desveladas nos llevan en ellas, mientras lo que fuimos va perdiéndose en la callada tiniebla del olvido. La zarza con sus garras, la roca con su cuchillo, hacen suya la piel que dejamos por el camino, y ya no nos duele el sacrificio, si es que puede llamarse sacrificio de la liberación de los viejos límites, de la disolución de las fronteras de nuestro ser. No nos duele, pero si lo hiciera, no importaría, empapados ya del dorado del atardecer de otoño, de la aurora invernal.

Algunas tardes algo llama, y ​​yo me dejo llevar, lejos de las voces del mundo, por los caminos desiertos entre los campos removidos, hasta lo que nos queda de bosque. Yazgo bajo el ramaje de la encina, en un lecho de roca y hojas secas, sobre la tierra húmeda. Rrespiro el frío y siento el latido que nos une, mientras la noche va extendiéndose a nuestro alrededor como un velo de oscuridad. Del laberinto de los Salones Subterráneos, trepan por las raíces los cánticos del corazón del verano, refugiado en el seno de la tierra, como el fuego del hogar primero.

Siento la muerte en cada aliento,  consciente de que lo que me conforma ha cambiado como los colores de este paraje que nos ampara. A través de la cúpula de las hojas, desde nuestro cielo herido, se cuela aún la luz de algunas estrellas. Moro en cada respirar, al igual que viviré aún cuando no quede nada de lo que he sido, cuando toda yo sea ya tierra.

Mueren las palabras al cruzar el umbral, superadas por lo que quisieran decir pero no acabarán nunca de alcanzar, reina el silencio. Vamos por los márgenes, con todo lo que somos, aliento y latido, huesos, carne; librándonos, extraviándonos, maravillados al mismo tiempo de nuestra fragilidad y de la callada fuerza que se esconde detrás de ella y nos empuja a través de las sombras y la luz. 

TN 03 – Capucha Andrajosa

Tatterhood

Capítulo III
Donde se habla de la Sombra

Ahora que los días se acortan, es tiempo de adentrarnos en los reinos de la Sombra, y lo haremos de la mano de “Capucha Andrajosa” (Tatterhood), un cuento noruego muy ligado a las tradiciones de brujería europea, recopilado en el siglo XIX por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen, y Jorgen Moe. Una historia fascinante que incluye trolls, brujas, niñas que montan cabras, batallas nocturnas, cabezas arrancadas y transformaciones feéricas.

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Ilustración: Sarah Diblasi Crain

Solsticio, Miquel Martí i Pol

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Acudimos al pasado en busca de respuestas. No a un pasado ajeno, sino al propio, para reencontrarnos lo que late debajo de la cáscara, de la crisálida, de la prisión que hemos tejido a nuestro alrededor, para confrontar nuestro propio ser: “Es importante aprender a desprenderse de lo que una vez fuimos, y comprender que en otro momento seremos otros. No dejarnos paralizar cuando las cosas nos sorprendan, y no se parezcan a nada de lo que nos habían dicho, o creíamos que debían ser. No temer cruzar los límites por los que nos definíamos. Porque no se trata de recortar la Vida hasta reducirla a nuestras dimensiones, sino de crecer tratando de abarcarla, aunque esto suponga rompernos por completo una y otra vez. “

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Solsticio

Reconduzcamos poco a poco, la vida,
poco a poco y con mucha confianza,
no por los viejos senderos ni por atajos
grandilocuentes, sino por el discretísimo
camino del hacer y deshacer de cada día.

Reconduzcámola con dudas y proyectos,
y con torpezas, anhelos y desfallecimientos,
humanamente, entre ruido y angustias,
por la cuenca de los años que nos corresponde vivir.

En soledad, pero no solitarios,
reconduzcamos la vida con la certeza
de que ningún esfuerzo cae en tierra estéril.
Llegará el día en que alguien beberá a manos llenas
el agua de luz que brote de las piedras
de este tiempo nuevo que ahora esculpimos.

Miquel Martí i Pol

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Imagen: Masaaki Sasamoto

Receptividad e inocencia

Arthur wardle, satyr resting with leopards

 

La receptividad no es un estado pasivo. Tampoco es un vacío a la espera de que cualquier cosa pase. Al urgirte a cultivar la receptividad, no quiero decir que te conviertas en alguien vago que carece de metas y reacciona ciegamente a cualquier cosa que la vida arroje ante ti.

La receptividad es una robusta disposición para ser sorprendido y movido, una vigorosa intención de estar consciente de todo aquello que no puedes controlar. Cuando eres receptivo en el sentido pronoiaco, tienes ideas firmes y una poderosa voluntad y un afan de diseminar tus particulares bendiciones, pero también te mueve la humilde certeza de que tienes mucho que aprender.

***

La mayoría de personas asocian inocencia con ingenuidad. La sabiduría convencional la considera propia de niños, locos y novatos faltos de sofisticación o experiencia para conocer las duras verdades de la vida.

Sin embargo, el Beauty and Truth Lab reconoce otro tipo de inocencia. Ésta se basa en la comprensión que el mundo cambia constantemente y por lo tanto merece ser visto de una forma nueva cada día. Esta forma alternativa de inocencia se nutre de una agresiva determinación para mantener limpiala imaginación de preconcepciones.

“Ignorancia es no conocer nada y ser atraído a lo bueno”, escribió Clarissa Pinkola Estes en Mujeres que corren con los lobos. “inocencia es conocerlo todo y aún así, ser atraído hacia lo bueno”.

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Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: Arthur Wardle, A satyr resting with leopards

Quiso la noche… Carles Riba

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X

Quiso la noche que noche fuésemos
también nosotros, térreos
como la sombra y los animales
que vagan desnudos a la caza del deleite.

El aire, entre tu pecho y mi pecho,
se cargó de hondas sales;
corríamos en fuentes abismales;
enlunábamos islas de olvido.

Nuestra vida, pobre si la entendíamos
según la luz, se había expandido
en una ardiente, oscura flor.

Todo cambiaba en la Aventura:
si me mirabas, no era yo;
si reías, no eras impura.

Carles Riba, Salvatge Cor, 1952

Rosa

X

La nit volgué que fóssim nit
nosaltres mateixos, terrals
com l’ombra i com els animals
que erren nus, caçant el delit.

L’aire, del teu pit al meu pit,
es carregà de fondes sals;
corríem en fonts abismals;
enllunàvem illes d’oblit.

Pobra, entesa, la nostra vida,
segons la llum, s’era expandida
en una ardent obscura flor.

Tot canviava en l’Aventura:
si em miraves, no era jo;
si reies, no eres impura.

Carles Riba, Salvatge Cor, 1952

Rosa

Imagen: Franz von Stuck, The kiss of the Sphinx (fragmento), 1895

Problemas mayores, mejores y más interesantes

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¿Existe algo más peligroso que levantarse por la mañana y no tener nada de que preocuparse, sin problemas para resolver, sin fricción para calentarte? Ese estado puede ser una amenaza para tu salud, porque de no tratarse, incita un anhelo inconsciente por cualquier viejo problema tonto que pueda despertar algún entusiasmo.

La adquisición de problemas es una necesidad humana fundamental. Es tan crucial para tu bienestar como conseguir comida, aire, agua, sueño y amor.  Te defines a ti mismo – de hecho, te haces a ti mismo – a través de los enigmas que atraes y resuelves. Las personas más creativas del planeta son aquellas que seleccionan las preguntas más grandes y difíciles y luego van a la búsqueda de los recursos necesarios para encontrar las respuestas.

La sabiduría convencional considera que los mejores problemas son aquellos que nos ponen en situaciones duras. Supuestamente no hay ganancia sin dolor.Y supuestamente el estrés es un estímulo incomparable a la hora de recurrir a recursos que anteriormente no estaban disponibles o permanecían latentes. El aforismo de Nietzsche, “Lo que no me mata me hace más fuerte”, ha alcanzado el estatus de una verdad última.

Estamos de acuerdo a medias. Está claro que el estrés también acompaña a muchos problemas mediocres que tienen poco poder para hacernos más inteligentes. El dolor frecuentemente no genera ganancia. Todos somos propensos a habituarnos, incluso a volvernos adictos, a molestias persistentes que van y vienen sin despertar a ninguno de nuestros genios dormidos.

Existen, además, otra clase de dificultades – llamémosle el delicioso dilema – que no se alimentan de la angustia ni tampoco la generan. Por el contrario, son divertidas y vigorizantes, y por lo general florecen cuando se siente una profunda sensación de estar en casa en el mundo. El problema de escribir mi libro es un buen ejemplo. He disfrutado manejando los desafíos perplejos con los que me ha enfrentado.

Imagina una vida en la que al menos la mitad de tus dilemas coincidan con este perfil. Actúa como si al ser la alegría tu estado mental predominante, fuera más probable atraer problemas útiles. Considera la posibilidad de que estar en circunstancias inquietantes pueda reducir tu capacidad de soñar los enigmas que más necesitas; que quizá es difícil plantearse las mejores preguntas cuando estás preocupado luchando en la retaguardia contra molestias aburridas o humillantes que te han invadido durante muchas lunas.

Predicción: Como aspirante a amante de la pronoia, tendrás un creciente don para gravitar hacia problemas más salvajes, más húmedos, más interesantes. Cada vez te sentirás más atraído por el tipo de ganancia que no requiere dolor. Estarás tan vivo y despierto que te alejarás alegremente de tu zona de confort hacia tus fronteras personales, mucho antes de verte obligado a hacerlo por medio de patadas divinas en el culo.

La definición de “felicidad” en el “Diccionario foráneo de Memes Pronoíacos” del Beauty and Truth Lab es “estado de ánimo que resulta de cultivar problemas interesantes y útiles”.

(…)

“Debemos sentirnos entusiasmados con los problemas que enfrentamos y nuestra capacidad para lidiar con ellos”, dice Robert Anton Wilson. “Resolver problemas es una de las más altas y más sensuales de todas nuestras funciones cerebrales”.

Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: François Fressinier

Un tabú peligroso

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Este libro (“PRONOIA Is the Antidote for Paranoia” ) es una conversacion, no un dictado. Es una pregunta, no un dogma. Somos exploradores en la búsqueda de la siempre envolvente verdad, no autoridades proclamando doctrina desde lo alto. Rechazamos ser vendedores intentando que te gusten o que compres nuestras ideas. De hecho, vamos a ver las desventajas de las perspectivas que celebramos.

La primera cosa que debes considerar antes de establecer vincularte con la pronoia es que ésta está totalmente en desacuerdo con la sabiduría convencional. John Keats, poeta del siglo XIX,  dijo que si algo no es hermoso, probablemente no es cierto. Pero la gran mayoría de los narradores actuales – periodistas, cineastas, novelistas, presentadores televisivos y poetas-, afirman lo contrario: si algo no es feo, probablemente no sea cierto.

En un mundo que equipara el pesimismo con la perspicacia y considera las historias sobre cosas que se desmoronan la cumbre del entretenimiento, la pronoia es una desviación. Es un tabú tan tabú que ni siquiera se reconoce como tal.

El niño americano promedio ve 20.000 asesinatos simulados antes de llegar a los 18 años. Esto se considera normal. Hay miles de películas, programas de televisión y viedeojuegos que muestran a las personas haciendose cosas terribles las unas a las otras. Si lees periódicos y sitios de noticias en Internet, tienes todo el derecho a creer que la experiencia humana está conformada en un 90%  por cosas malas y desagradables. Los autores de miles de libros publicados este año esperan atraerte a través del glamour de matar, ser adicto, odiarse a uno mismo, tener alguna patología sexual, la vergüenza, la traición, la extorsión, el robo, el cáncer, el incendio premeditado y la tortura.

Sin embargo tendrás dificultades para encontrar más que unas pocas novelas, películas, noticias y programas de televisión que se atrevan a describir la vida como un regalo cuyo propósito es enriquecer el alma humana.

Si cultivas una afinidad por la pronoia, la gente que respetas puede preguntarte si has perdido el camino. Puedes parecerles ingenuo, excéntrico, irreal, equivocado, o incluso estúpido. Tu reputación podría verse dañada y tu estatus social podría disminuir.

Pero eso puede ser relativamente fácil  en comparación con la lucha que supone crear una nueva relación contigo mismo. Para empezar, tendrás que reconocer que lo que antes considerabas una facultad muy apreciada -la capacidad de discernir la debilidad en todo- podría ser en realidad una señal de cobardía y pereza. Lejos de ser una muestra de tu poder y singularidad, tu impulso para producir opiniones severas alimentadas por la hostilidad es probablemente una señal de que has sufrido el lavado el cerebro de las ordinarias influencias del nihilismo pop.

Antes de iniciar la pronoia, puedes sentirse bien generando gran parte de tu energía dinámica a través de la ira, la agitación, la incomodidad y el desprecio crítico. Pero una vez que la pronoia avanza, naturalmente querrás más sentimientos positivos que se conviertan en tu combustible de alto octanaje. Eso requerirá un entrenamiento extensivo. El trabajo podría ser arduo, delicado y lento.

¿Estás realmente listo para desechar los valores y las imágenes de tí mismo que te mantienen encerrado en la alineación con la civilización moribunda? ¿Tendrás la energía y la inspiración necesarias para inventar pecados mayores, mejores, más originales y problemas más salvajes, más húmedos y más interesantes? ¿Te das cuenta de lo exigente que será convertirte en un ser salvajemente disciplinado, radicalmente curioso, ferozmente tierno, irónicamente sincero, ingeniosamente cariñoso, agresivamente sensible, blasfemamente reverente, lujurioso y compasivo maestro de felicidad turbulenta?

***

Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: François Fressinier