[EP 110] – Brujería y Territorio

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La brujería demanda cuestionar a cada paso, cada lección o noción aprendida acerca de lo que tanto nosotros, como el mundo que nos rodea, somos. Empezamos cuestionando qué significa ser humano, cuáles son nuestras posibilidades reales, y a medida que tiramos del hilo vamos descubriendo una realidad oculta, refugiada tal vez, bajo la apariencia de lo más cotidiano. Tarde o temprano en esta búsqueda reencontramos la noción del Territorio.

En el programa de hoy hablamos de brujería tradicional y su relación con el Territorio, os contamos de dónde surgió la iniciativa TERRA, cómo está planeada, y cómo podéis inscribiros. Por último, relatamos un cuento iroqués: “El viejo al que atacaban todas las enfermedades”.

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Por más vida, Miquel Martí i Pol

Karl Wilhelm Diefenbach

 

Nombras la belleza y todo se ilumina.

Deja que el tiempo fluya lentamente
entre el paisaje y tú
y que el silencio ponga acentos
de leve melancolía en cada cosa.

La blanda quietud que te rodea poco a poco
acoge aquel misterio
que te une a todo y a todo te incita.

No pienses jamás que es tarde, ni hagas preguntas.
Ahógate de horizontes.
Agotado,
en cada gesto te sentirás renacer.

“Por más vida”, Miquel Martí i Pol (1929 – 2003)

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Imagen: Karl Wilhelm Diefenbach, L’Innocence (La Jeune Fille au Serpent),1902

0 Al Este del Sol, al Oeste de la Luna 0

reginald knowles

Hubo un tiempo en el que aceptar que nunca podemos dar por cierto que veremos otra primavera era más sencillo. En aquel pasado, el paisaje era el escenario, y no había otra iluminación que la proporcionada por el sol, la luna o el fuego. La huella viva en la memoria de lo terrible y maravilloso hacia incecesarios trucos y embelesamientos. En esas noches crueles y bellísimas hombres, mujeres y todo tipo de espírituas y criaturas se reunían, y así mismo se reunían sus glorias y sus miserias, y compartían las historias que hacían de su vida algo más que mera supervivencia.

Aún hoy, si por algún motivo nos vemos momentáneamente liberados de las redes del convencionalismo, notamos cómo cuando la oscuridad gana terreno, y el frío araña los cristales de nuestras ventanas, renace un impulso al relato, al tejido común de la palabra sobre el silencio helado. Un sombrío mendigo, anciano y ranqueante, toca a nuestra puerta y si decidimos darle cobijo, descubrimos que lo sigue un desfile interminable de recuerdos, una corte innumerable de historias que, siendo ajenas, podemos reconocer y, siendo nuestras, no nos pertenecen por completo.

Un programa largo y relativamente denso, como los platos que se cocinan en invierno y por los mismos motivos. Dos cuentos noruegos nos servirán de guía en este recorrido por las noches más oscuras del año: Al Este del Sol, al Oeste de la Luna y Valemon el Rey Oso Blanco, compilados por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørigen Moe, y publicados por primera vez en 1841.

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Imagen: Reginald L. Knowles y Horace J. Knowles, para Norse Fairy Tales, 1910

Verde Emperatriz

Thomas Edwin Mostyn Tutt'Art@ (13)

El camino que lleva al lugar de las ofrendas, está ahora bordeado de campos verdes. No asoman aún los brotes de la cosecha, sinó esa hierba espontánea que nace de la tierra revuelta, humedecida por las lluvias y acariciada por un sol joven.  En uno de los últimos paseos, este verdor captó toda mi atención, y me trajo el recuerdo de un tiempo en el que, como estudiante de Qabalah, parte del trabajo consistía en pintar las láminas del tarot de Foster Case. En el tarot de Case, el manto de la Emperatriz es verde, y dado que se emplean varias tonalidades de verde en el conjunto de arcanos, el “verde emperatriz” se convirtió  en un referente.

Miro los campos, y me doy cuenta que éste es el verdadero “verde emperatriz”, del que nuestras pinturas no eran más que una imitación, un tosco acercamiento. Una fotografía no podría captarlo, porque no es sólo un color, sino el resultado de una intersección de fuerzas: en él está la calidez del sol que regresa después del invierno, y la tierra misma maltratada por el arado, enternecida por la lluvia, entregada a dejar pasar a través de sus capas las nuevas generaciones, al tiempo que sostiene sus raíces. Una fotografía no puede captarlo, porque no es sólo un color, es algo que se ve, se respira y se siente al mismo tiempo.

Sospeché que, si uno pudiera cruzar la lámina empleándola como puerta o umbral, se encontraría justamente donde yo estaba aquella mañana. Y, como yo, probablemente se sentiría imbuido por esa abrumadora sensación que resulta de empezar a ver la maravilla que, de hecho, es posible que siempre estuviera allí.

Esto es parte de lo que el Territorio ha hecho conmigo, ayudarme a recuperar los sentidos perdidos y guiarme en la experiencia de un mundo al que sólo nuestra conciencia adormecida nos cierra las puertas, pero que está aquí mismo. Cuando la hierba del campo, el azul del cielo, el paso lento de las nubes majestuosas, el discurrir del agua en el lavadero, el viento que mece los árboles, el aleteo de las aves, nos salen al encuentro en su verdadera dimensión, cuando captamos un pedacito más de ella de lo que tenemos por costumbre, hay algo en nosotros que se derrumba como una vieja cúpula por la que entran los rayos de sol. Hay una derrota que es también liberación, una entrega mútua, un deleite en la plenitud del momento que parece escapar del tiempo.

Esto no viene a arrebatarme lo que aprendí acerca de la Emperatriz, de hecho, las sensaciones que mi cuerpo recibe al contacto con la experiencia del verde de los campos,  corren a vincularse con la referencia mental, aunque la excedan. Posiblemente saben dónde ir porque años atrás se creo un espacio en esta mente para ellas, y ahora ese espacio mental, habitado por su presencia, está siendo reformado, ampliado, matizado… Esto es algo que el Territorio y la Sombra han hecho por mí, a menudo puedo pasearme por el mundo mientras las sinconicidades florecen a mi alrededor, bajo mis pasos, sobre mi cabeza…

Este es el tiempo de la Emperatriz para mí, una segunda ronda a todo lo que una vez creí, una manera radicalmente distinta de ver (y estar) en lo de siempre, un amor por lo manifiesto que conlleva una profunda transformacion de todo lo conocido. Por primera vez en mi vida me detuve a abrazar mis terrores, por primera vez el Inframundo me llamó a sus profundidades, dónde del mismo modo que la Tierra se nutre de las hojas y los frutos caídos, devoré los despojos últimos de mi propio cadáver.

Y, como la Emperatriz, regreso grávida de este encuentro con la oscuridad.

Cargada con algunos proyectos a punto de salir a la luz, los últimos pasos se hacen pesados y, en ocasiones, me enojo con mi propia torpeza, experimento repentinos antojos o me pierdo en ensoñaciones; me pregunto si estarán bien colocados y bajo qué signo nacerán, me preocupa cómo los va a recibir el mundo de la superficie.
A ratos, experimento cierta reticencia a dejarlos ir, hasta que concedo que no serán sólo lo que yo he imaginado o planeado para ellos, que tendrán su propia trayectoria y no pueden pertenecerme por completo, que debo doblegarme a la fuerza que se agita y pugna por salir del cálido y seguro refugio de mi regazo, de mi silencio.

Será lo que deba ser.

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Imagen: Thomas Edwin Mostyn, Womanhood, 1925

¿Qué harás, buscador?

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¿Qué haras, buscador, cuando encuentres? Cuando en la oscura profundidad de la cueva la impía garra destroce tu corazón. Cuando tu corazón se abra como un fruto rojo y en un charco de sangre descubras ese centro aún palpitante que, por más que lo desees, se niega a morir.

¿Qué harás cuando, aniquilado por las fauces del dragón, sepas que ya no hay camino que pueda regresarte a lo que una vez fuiste, o creíste ser? ¿Qué harás cuando volver sea un dolor en tus ojos y el imperio diurno un pálido recuerdo?

¿Qué harás cuando el mundo te pertenezca? ¿Cómo asumirás el terrible peso, sabiendo -como ahora sabes- que no es más que un juego de niños?¿Cómo caminarás entre los hombres cuando la risa te sacuda por completo? Ellos te llamarán loco, con el mismo desdén que mostraste cuando estabas al otro lado y aquello parecía todo.

Has buscado toda tu vida -aprendiste bien que eso era lo que debías hacer -. Pero no estabas preparado para encontrar aquello que te esperaba. ¿Qué harás, buscador, cuándo encuentres? ¿Intentarás convencerte de que no ha sido más que un sueño?

Es lo que todos hacen.

Recibir es demasiado femenino, una terrible humillación para el héroe inquieto que se queda de este modo sin nada que ganar o demostrar. La recompensa, para él, es también el fin de la aventura, su muerte.

Recibir es demasiado femenino, implica hacer algo con aquello que se recibe, implica abrazar la propia muerte, asumir la propia mortalidad, y nutrir con esto el germen de esa semilla que, como a una cáscara, abandona el ser que fuimos, y toma impulso hacia un futuro completamente desconocido.

Por eso ninguno quiere encontrar en realidad.
Por eso se llaman a sí mismos buscadores.
Juegan a buscar lo que ya tienen,
es más seguro así.
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Imagen: Frederic Leighton, Perseo y Andrómeda, 1891

 

Terra, Joan Vinyoli

Takato Yamamoto
Takato Yamamoto, Woman in branches

 

La Terra

Arbre de càntic a mercè
de vents contraris a la terra,
meu estatge, la terra
m’ha nodrit les arrels:
la muntanya i el bosc,
el ponent i l’aurora,
són dintre meu, són ja la meva sang.

Diré tan sols: empara’m, terra,
damunt la teva falda i en els ulls
posa’m la mà feixuga de silenci.
M’adormiré en la tarda blava
dels teus ulls.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

 

No només en el llampec que enlluerna anunciant aquell brogit que farà tremolar el sòl sota els nostres peus, sinó també en la humil remor de la pluja que arrossega suaument la terra, creant senders insospitats al seu pas atzarós.

Un dia, i un altra dia, com denes en un collar que el temps va desgranant, les corrents desvetllades ens porten en elles, mentre allò que fórem va perdent-se en la callada tenebra de l’oblit. L’esbarzer amb les seves urpes, la roca amb el seu coltell, fan seva la pell que deixem pel camí,  i ja no ens dol el sacrifici, si es que se’n pot dir sacrifici de l’alliberament dels vells límits, de la dissolució de les fronteres del nostre ésser. No ens dol, però si fes mal, tant se valdria, amarats ja del daurat del capvespre de tardor, de l’aurora hivernal.

Algunes tardes quelcom crida, i jo em deixo portar, lluny de les veus del món, pels camins deserts entre els camps remoguts, fins el que ens queda de bosc. Jec sota el brancatge de l’alzina, en un jaç de roca i fulles seques, sobre la terra humida. Respiro el fred i sento el batec que ens uneix, mentre la nit va estenent-se al nostre voltant com un vel de foscor. Del laberint dels Salons Soterranis, grimpen per les arrels els càntics del cor de l’estiu, refugiat en la sina de la terra, com el foc de llar primera.

Sento la mort en cada alenar,  conscient de que allò que em conforma ha canviat com els colors d’aquest paratge que ens empara. A través de la cúpula de les fulles, des del nostre cel ferit, s’escola encara la llum d’alguns estels. Moro en cada alenar, de la mateixa manera que viuré quan no quedi res del que he estat, quan tota jo sigui ja terra.

Moren les paraules en creuar el llindar, superades per allò que voldríen dir però no acabaran mai de copsar, regna el silenci. Anem pels marges, amb tot el que som, alè i batec, ossos i carn, lliurant-nos, extraviant-nos, meravellats alhora de la nostra fragilitat, i de la força callada que s’amaga al darrera i ens empeny a través de les ombres i la llum.

 

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La Tierra

Árbol de cántico a merced
de vientos contrarios a la tierra,
mi morada, la tierra
ha nutrido mis raíces:
la montaña y el bosque,
el poniente y la aurora,
son en mi, son ya mi sangre.

Diré tan solo: ampárame, tierra,
sobre tu regazo y en los ojos
ponme la mano pesada de silencio.
Me dormiré en la tarde azul
de tus ojos.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

No sólo en el relámpago que deslumbra anunciando aquel ruido que hará temblar el suelo bajo nuestros pies, sino también en el humilde rumor de la lluvia que arrastra suavemente la tierra, creando senderos insospechados a su azaroso paso.

Un día, y otra día, como cuentas en un collar que el tiempo va desgranando, las corrientes desveladas nos llevan en ellas, mientras lo que fuimos va perdiéndose en la callada tiniebla del olvido. La zarza con sus garras, la roca con su cuchillo, hacen suya la piel que dejamos por el camino, y ya no nos duele el sacrificio, si es que puede llamarse sacrificio de la liberación de los viejos límites, de la disolución de las fronteras de nuestro ser. No nos duele, pero si lo hiciera, no importaría, empapados ya del dorado del atardecer de otoño, de la aurora invernal.

Algunas tardes algo llama, y ​​yo me dejo llevar, lejos de las voces del mundo, por los caminos desiertos entre los campos removidos, hasta lo que nos queda de bosque. Yazgo bajo el ramaje de la encina, en un lecho de roca y hojas secas, sobre la tierra húmeda. Rrespiro el frío y siento el latido que nos une, mientras la noche va extendiéndose a nuestro alrededor como un velo de oscuridad. Del laberinto de los Salones Subterráneos, trepan por las raíces los cánticos del corazón del verano, refugiado en el seno de la tierra, como el fuego del hogar primero.

Siento la muerte en cada aliento,  consciente de que lo que me conforma ha cambiado como los colores de este paraje que nos ampara. A través de la cúpula de las hojas, desde nuestro cielo herido, se cuela aún la luz de algunas estrellas. Moro en cada respirar, al igual que viviré aún cuando no quede nada de lo que he sido, cuando toda yo sea ya tierra.

Mueren las palabras al cruzar el umbral, superadas por lo que quisieran decir pero no acabarán nunca de alcanzar, reina el silencio. Vamos por los márgenes, con todo lo que somos, aliento y latido, huesos, carne; librándonos, extraviándonos, maravillados al mismo tiempo de nuestra fragilidad y de la callada fuerza que se esconde detrás de ella y nos empuja a través de las sombras y la luz. 

TN 04 – El Mal Cazador

Capítulo IV
Donde se habla de la Caza Salvaje

Adentrados ya en el otoño, es tiempo de encontrarnos con la Caza Salvaje, el cortejo de las almas descarnadas en el que se mezclan difuntos, entidades feéricas, brujas y cambia formas, una corriente que remueve cielos y tierra para disolver los últimos restos de un orden caduco como las hojas que van cayendo sobre la tierra. Lo haremos a través de las leyendas del Mal Cazador y del Comte Arnau, que nos llevaran a hablar del culto a los ancestos, el papel del brujo en el territorio, las visitas de la época oscura y las damas de la corte feérica.

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Ilustración: Mikhail Chernodedov

El espíritu del zorro literato, y Saint-Exupéry

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El Sueño es un territorio extenso… a través de sus umbrales accedemos a conocimientos y realidades que generalmente nos estan veladas durante el tiempo de la vigília. Al igual que sucede con nuestra geografía física, cada sueño tiene un clima, un paisaje, unos habitantes e incluso un código propio. Hay sueños que no son más que los restos acumulados de memorias reticentes, hay otros que nos adentran a Mundos que parecen más reales que aquel en el que despertaremos. Hay lugares en el Sueño a los que llegamos en una única noche y, sin embargo, nos acompañan a lo largo de los años, a veces como un misterio personal por descifrar. Hay lugares en el Sueño por los que estamos de paso, y otros a los que volvemos siempre como a un segundo hogar.

Para mí, el Sueño configura un espacio y un tiempo sagrados para el encuentro con la Sombra, y todo lo que a través de ella permea hacia mí. Este es el motivo por el que me rehúso a programar mis sueños, a imponer la voluntad de mi conciencia en ellos. Los sueños que no nos dicen nada, los que no son significativos, los que no recordamos cumplen también su función, y nos dan el descanso necesario para funcionar en la vigilia. Antes que explotar este terreno para que rinda los resultados deseados por mi ego, prefiero cuidar este espacio para que las sombras, que requieren su tiempo, desarrollen su labor.  Las invito a contarme lo que necesito saber, y luego guardo silencio y presto atención. Recuperar el puente que vincula la experiencia onírica con la vigilia es recuperar una delicada red de senderos entre mundos o realidades; pero estos senderos se parecen más a las corrientes invisibles y cambiantes en las que viajan las aves que a las carreteras que surcan nuestra tierra como cicatrices de asfalto.

Hace algunas semanas, cuando empezaba a redactar algo acerca de la conexión con el territorio, tuve un sueño curioso. Estaba en un apartamento, en una zona urbana no demasiado bonita, ni recomendable; teníamos un patio y en su muro había un agujero. Un zorro decidía instalarse allí. No era un zorro como los que encontraríamos en el campo, sino algo así como la idealización de un zorro, una criatura de tamaño mucho mayor que se movia como una grácil pincelada de rojo fuego tras unos ojos verdes, brillantes e inteligentes.
Sorpendida – aunque honrada – por su presencia, lo único que se me ocurría decirle era “Eres demasiado hermoso para estar en un lugar como éste, no quiero domesticarte“. El zorro se reía, condescendiente, respondía “No estoy aquí para que me domestiques, estoy aquí porque me caes bien y me apetece. De todas formas no es domesticar. Vuélvelo a leer.”  Fin del sueño.

Al despertar obviamente recordé el Principito de Antoine de Saint Exupéry, obra a la que, sin haber leído, le tengo manía desde pequeña precisamente por  la famosa cita “domesticar es crear vínculos”, sacada del capítulo XXI. Teniendo en cuenta que en mi mente domesticar es sinónimo de dominar o someter lo salvaje a nuestros civilizados intereses, se comprenderá mi horror y mi manía a la sentencia. Pero era el tipo de sueño al que uno puede prestar atención, y realicé la correspondiente búsqueda rápida. A saber cómo, el zorro tenía razón. La palabra original es “apprivoiser”, que se puede traducir como domesticar, pero que tal vez sería más exacto traducir como “familiarizarse con”, lo que dejaría el texto así:

(…) -No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “familiarizarse”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos… ”

(…)
Familiarízate conmigo -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas con las que te familiarizas -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. (…)
-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca….

Así re-leído, el texto tenía otro sentido para mi. Se trataba de una mínima corrección, un afinar los conceptos [ La domesticación es un proceso en el que uno de los implicados en la relación impone su voluntad sobre el otro; la familiarización, sin embargo, conlleva una transformación mútua, por acercamiento y contacto de ambas partes], pero sobretodo se trató de una especie de guiño acerca de la interacción del mundo onírico con el vigil. Una anécdota para empezar a hablar del “trabajo” con sueños.

El zorro del sueño sabía cosas que mi conciencia no podía saber  – mi francés no da para tanto- , o tal vez fue a rescatarlas del fondo de mi memoria en un momento en quepodían tener sentido para mí. Una sincronicidad mínima que me invitaba a comprobar con un mensaje demasiado directo como para perder el tiempo buscando cosas como “qué significa soñar con zorros” o “el zorro como animal totémico/ de poder”, dándome un ejemplo de aquellos casos que resultan tan personales que una respuesta externa, general, localizable en una lista de correspondencias, carece de sentido.

El contexto es importante. Dado que mi lenguaje onírico tiene una clara preferencia por las formas animales, si debiera considerar cada animal que aparece en mis sueños como un “animal de poder” a mi disposición, podría hacer llorar de envidia al señor de las bestias. Por otra parte, los zorros reales que habitan los montes y los campos no leen libros y comentan al respecto – en todo caso, tienen otras cosas que enseñarnos-. No fue el “espíritu del zorro” lo que vino a visitarme, en todo caso, sería el espíritu del zorro literato. Naturalezas muy distintas pueden animar formas parecidas, lo cual no impide que cada experiencia pueda aportarnos algo valioso. Simplemente, se trata de tener paciencia, tener preparado el espacio y dar la bienvenida a las visitas cómo si fueran visitas de verdad, y no un programa mecánico de preguntas y respuestas automatizadas.

En la mayoría de casos no vendrán con grandes revelaciones, consejos o augurios -cuando lo hagan, seguramente marcaran un antes y un después en nuestras existencias-. En el sueño como en la vigilia, los aliados, los familiares, no son mascotas, ni bestias de carga. Así como es recomendable acercarse al mundo natural con delicadeza y respeto, también lo es en referencia al territorio onírico. Reparar el hilo quebrado, ganar la confianza de las sombras, de lo invisible. Quitarse los zapatos, dejar la mente del conquistador fuera de este espacio sagrado. Prestar atención, escuchar. Es mucho lo que tenemos que aprender antes de poder dejar una huella que no altere el manto de pétalos que pisamos, antes de poder articular una palabra con sentido en un reino al que nuestra larga ausencia nos devuelve como extraños.

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Imagen: Vulpes vulpes, Robert Farkas

La Via Nocturna

… O cómo hacer lo que debe ser hecho con nocturnidad y alevosía. De qué hablamos cuando diferenciamos la Vía Diurna y la Vía Nocturna. (Texto bilingüe)

CATALÀ

La Via Nocturna

compendium maleficarum vol
Compendium Maleficarum, 1608

 

Parlem de bruixes. Del vol de la bruixa. L’any 906 el Canon Episcopi recull la creença que certes dones segueixen a Diana en la seva cavalcada pels cels nocturns. Es considera a les creients “dones al·lucinades”, que seran amonestades per creure en aquesta superstició. Tot i així, als segles XIV-XV el vol de les bruixes, i el mal que son capaces de causar, s’accepten com una terrible realitat contra la que és necessari adoptar mesures dràstiques. La bruixeria és la darrera de les heretgies perseguides per la Inquisició, un culte a l’enemic del déu cristià i un perill per a la comunitat que ha d’ésser eradicat de la faç de la terra.

El model educatiu en el que hem crescut tendeix a emfatitzar la capacitat llibertadora de l’Edat de la Raó. Però, en parlar de l’Edat Moderna, s’esquiva convenientment el fet de que, juntament amb aquest nou ánim “racional”, el control sobre la població per part del poder es va accentuar en tots els sentits; aparegueren els censos, s’acceptà la tortura com a mètode per a la obtenció d’informació i es detallaren molts més assumptes respecte als que retre comptes. Aquest control creixent va estendre’s també a l’àmbit del pensament. La Edat Moderna traça un abans i un després en la relació de les persones amb el seu entorn, iniciant un procés d’Objectivació del món que la nostra civilització ha heretat de forma directe. És precisament en el periode d’aquest canvi de mentalitat en el que es produeixen les Caceres de Bruixes: Un cop “admesa” la realitat material de la bruixeria i el perill que suposava per al bé comú, esdevingué dogma. Un cop estandarditzats els mètodes i procediments per identificar la bruixa i aconseguir-ne la confessió, aquest coneixement pràctic va ésser publicat en forma de manuals i va passar a mans de les autoritats seculars, que havien de col·laborar necessàriament en l’eliminació de l’enemic general.

El vol al Sàbat és un dels trets distintius de la bruixeria europea; no es troba entre les acusacions (enverinament de pous, misses negres, canibalisme…) que havien compartit altres col·lectius perseguits en època medieval (leprosos, càtars, jueus). Bruixes capaces de fer bé o mal emprant el treball màgic les ha hagut a totes les èpoques i cultures, però el vol al Sàbat serva reminiscències dels antics paganismes i fa referència a la capacitat de certs individus de projectar una part de la seva consciència o esperit per participar, amb altres entitats descarnades, de fenòmens que es repetien cíclicament, relacionats no només amb el calendari agrícola, sinó amb els tots els processos naturals de vida i mort. La implicació humana en aquests processos – la memòria dels quals amb prou feines es conserva en la tradició folklòrica del segle XIX, i agonitza al llarg del segle XX – va lligada a una idea múltiple de l’ànima humana, així com a certes funcions actives que ha d’exercir a la Terra; un concepte marcat com “irracional” que ha estat secularment soterrat.

Quan revisem la documentació que es conserva en referència als processos de bruixeria, trobem que els inquisidors, sovint estranys ens els pobles als que arribaven, varen trobar multitud de respostes per part dels acusats. Respostes que se sortien del guió preparat per als interrogatoris. En aquells casos en els que les confessions no eren obtingudes per acció de la tortura, descobrim cosmologies i relats que varien de regió en regió, d’individu en individu, amb alguns elements en comú (el vol de l’esperit, la transformació en animal, les batalles, els banquets, el descens als Inferns…) però amb múltiples formes de concreció en imatges. Molts d’aquests practicants es consideraven bons cristians, defensors dels seus pobles contra enemics propers (humans o no), conscients d’estar acomplint un rol en les seves comunitats. La Inquisició va encarregar-se, mitjançant la tortura, però també a través de sermons, d’homogeneïtzar el discurs dels acusats de bruixeria i poblar-lo de les imatges elaborades pels demonòlegs.

El tipus de persecució a la que foren sotmeses les “bruixes” només podia dur-se a terme confiant en la “Veritat”, és a dir, arran de la creença en que la veritat era una i única, abastable mitjançant la raó i validable a través dels fets, sense admetre ambigüetats. Però quan les suposades probes de bruixeria (marques de naixement, i altres elements acusatoris), i la idea del vol físic de la bruixa, van deixar d’encaixar en el marc d’una raó refinada, la bruixeria va tornar a considerar-se una fantasia fora de la realitat. Fins fa relativament poc – i, en molts casos, encara avui- tot el que es considerava necessari descobrir respecte el vol al Sàbat era quina classe de droga provocava les  droga provocava les “al·lucinacions”. Amb això, ja es consideraria resolt i explicat l’incòmode cas de la bruixeria. El que la nostra civilització va sacrificar amb les “bruixes” que van anar a la forca o a la foguera fou la validesa de l’experiència subjectiva a l’hora d’entendre, explicar i participar en el món.

Potser aquesta sigui la major aportació de la bruixeria al món actual, el motiu pel que ens és tan necessària: La consciència de la vertadera dimensió de la humanitat, com un element integrat en la resta de la existència, amb funcions que acomplir; la capacitat de recuperar  el poder de l’experiència subjectiva, d’endinsar-se en l’ombra i dialogar amb els seus habitants, portant les potencialitats a la superfície, seguint el mateix camí de la llavor que germina sota terra i fructifica sobre ella. La bruixeria, tal com aquí és entesa, emfatitza la relació, el vincle amb l’entorn visible i invisible. Concep l’existència (i l’individu) com una successió de capes de fronteres permeables. En lloc de cercar la evasió cap a una idea abstracte de Paradís, es compromet amb la Terra que habita, sabent que el seu aspecte més dens, la materialitat, no es sinó filla d’un somni col·lectiu. La bruixeria és l’art de descobrir que la única separació entre el Paradís (o l’Edat Daurada) i la Terra es troba en la nostra percepció, i actuar en conseqüència.

Donat que hem estat educats en un model molt diferent, recuperar aquesta visió de la realitat no és un procés senzill, i sovint trobem resistències. Però una vegada la nostre ment comença a familiaritzar-se amb aquesta forma de concebre la realitat, ha de seguir-la la resta del nostre ésser, i per aconseguir-ho amb prou feines comptem amb referències d’aquelles experiències que els nostres avantpassats – si més no, alguns d’ells-  haurien assumit amb major naturalitat.

Quan parlem de la Via Diürna, ens referim a una sèrie d’eines que ens ajuden a funcionar correctament en el món “objectiu”, ens ajuden a endreçar les nostres idees i també a donar cert ordre a les nostres vides, tenint en compte els diferents aspectes del nostre ésser i començant a desenvolupar el seu potencial. La Via Diürna inclou tècniques que no ignoren el valor de la subjectivitat, però se centra en els processos “sobre terra”, en el nostre àmbit regular d’actuació. Com hem estat educats precisament per viure en aquest àmbit reduït, la nostra ment i el nostre cos son més receptius a acceptar algunes millores funcionals, i és un bon punt per començar a prendre consciència de les nostres capacitats.

Però la Via Nocturna és el camí que prenem cap a les ombres i els resplendors del Món, i de nosaltres mateixos. Donat que gran part del coneixement que vam tenir al respecte s’ha perdut, donat el tarannà mateix d’aquests territoris, a mesura que ens allunyem de les zones relativament cartografiades, augmenta el risc de trobar allò imprevisible. Més enllà dels límits de la nostra comprensió racional habiten els dracs que guarden els tresors que no poden ésser guanyats mitjançant la força o l’engany. Tal com succeeix en el regne oníric, les formes flueixen i les fronteres de l’individu es dilueixen en la dansa de poderoses corrents. Ningú torna d’aquest contacte essent el mateix que partí, ningú torna sense haver perdut el Món que coneixia i guanyat un de nou. Per això, la Via Diürna pot ajudar-nos a estar en les condicions necessàries per assumir els riscos que comporta el transit per la Via Nocturna, per recollir el que quedi de nosaltres i establir un nou ordre, després del caos a tots els nivells que pot comportar el viatge, ajudant-nos a integrar la experiència en les nostres vides quotidianes. A la Via Diurna veien néixer, fructificar i morir les manifestacions del món objectiu. A la Via Nocturna ens perdem en les possibilitats infinites que implica la dissolució, per emergir en una nova encarnació, en una concreció o manifestació única, que discrimina necessàriament la resta.

En cap d’aquestes Vies fem camí sols. L’ésser humà és un canal entre les forces terrestres i les influències que es troben per sobre del cels sobre els nostres caps; tantes capes hi ha entre elles com parts del nostre ésser, i habitants pertanyents a cada nivell, amb els que som vinculats de la mateixa manera, en la mateixa continuïtat. Tot allò que sorgeix de les profunditats de la terra, de les regions de l’ombra, ho fa, en certa manera, per atracció dels estels. I així com el món en el que hem crescut, la nostra suposada realitat objectiva, no és més que la regió visible del Somni de la Terra, tot l’àmbit terrestre resulta ínfim si el comparem amb les Potencies estel·lars que ens recolzen i guien en l’acompliment de les nostres funcions. Tots els nostres dimonis anhelen els estels, que no poden abastar per ells mateixos, sinó desvetllant en nosaltres aquesta mateixa fam. Tan se val amb quantes altres coses provem d’apaivagar les seves exigències, tan se val quantes altres coses sacrifiquem per provar de mantenir-los al marge: els nostres luxes, els nostres béns, la nostra felicitar o les nostres vides… res no saciarà la seva incansable voracitat, tret l’encalçar el camí vers els estels. Això vol dir abraçar una major dimensió de nosaltres mateixos, que trencarà des de dins els límits del nostre antic ésser, i n’esfondrarà els pilars. El viatge d’anada a les profunditats implica una dissolució equivalent a la mort, mentre que el retorn a la superfície imposa un nou, en ocasions dolorós, naixement a la llum.


CASTELLANO

compendium maleficarum
Compendium maleficarum, 1608

La Vía Nocturna

En el año 906 el Canon Episcopi recoge la creencia de que ciertas mujeres siguen a Diana en su cabalgata por los cielos nocturnos. Se considera a las creyentes como “mujeres alucinadas”, que serán amonestadas por seguir esta superstición. Sin embargo, en los siglos XIV-XV el vuelo de las brujas, y el mal que éstas son capaces de causar, se acepta como una terrible realidad contra la que es necesario tomar medidas drásticas. La brujería es la última de las herejías perseguidas por la Inquisición, un culto al enemigo del dios cristiano y un peligro para la comunidad que debe ser erradicado de la faz de la tierra.

El modelo educativo en el que hemos crecido tiende a enfatizar la capacidad libertadora de la Edad de la Razón. Pero al hablar de la Edad Moderna suele esquivarse convenientemente el hecho de que, juntamente con este nuevo ànimo “racional”, el control sobre la población por parte del poder se estrechó en todos los sentidos; se inventaron los censos, se aceptó la tortura como método para obtener información, y se detallaron más asuntos sobre los que rendir cuentas. Este control creciente se extendió también al área del pensamiento. La Edad Moderna traza un antes y un después en la relación de las personas con el entorno, iniciando un proceso de Objetivación del mundo del que nuestra civilización es heredera directa. Es precisamente en este cambio de mentalidad en el que se producen las Cazas de Brujas: Una vez “admitida” la realidad material de la brujería y el peligro que suponía para el bien común, devino dogma. Una vez estandarizados los métodos y procedimientos para identificar a la bruja y lograr la confesión, este conocimiento práctico se publicó en manuales y quedó en manos de las autoridades seculares, que debían colaborar en la eliminación del enemigo general.

El vuelo al Sabbat es uno de los rasgos distintivos de la brujería europea; no se encuentra entre las acusaciones (envenenamiento de pozos, misas negras, canibalismo) que habían compartido otros colectivos perseguidos en época medieval (leprosos, cátaros, judíos). Brujas y brujos, capaces de hacer bien o mal mediante el trabajo mágico, los ha habido prácticamente en todas las culturas, de cualquier época. Pero el vuelo al Sabbat guarda reminiscencias de los antiguos paganismos y hace referencia a la capacidad de ciertos individuos de proyectar una parte de su conciencia para participar, junto a otras entidades descarnadas, de fenómenos que tenían lugar cíclicamente, relacionados no sólo con el calendario agrícola, sino con los procesos naturales de vida y muerte. La implicación humana en estos procesos – la memoria de los cuales difícilmente se conserva en la tradición folklorica del siglo XIX y agoniza a lo largo del XX – está ligada a una idea múltiple del alma, así como a ciertas funciones activas que ésta ha de ejercer en la Tierra; ambos conceptos marcados como “irracionales” que ha sido secularmente soterrado.

Cuando revisamos la documentación que se conserva sobre los procesos de brujería, encontramos que los Inquisidores, a menudo extraños en los pueblos a los que llegaban con sus guiones de interrogatorio, encontraron multitud de respuestas por parte de los acusados. En aquellos casos en los que las confesiones no son extraídas bajo tortura, descubrimos cosmologías variadas de región en región, de individuo en individuo, con algunos puntos en común (el vuelo en espíritu, la transformación en animal, las batallas, los banquetes, el descenso a los Infiernos…) pero con múltiples formas de concreción en imágenes. Muchos de estos practicantes se consideran a sí mismos cristianos, defensores de sus aldeas contra enemigos cercanos, conscientes de estar cumpliendo un rol en sus comunidades. La Inquisición se encargó mediante torturas, pero también mediante sermones, de homogeneizar el discurso de los acusados por brujería y poblarlo de la imaginería elaborada por los demonólogos.

Esta clase de persecución sólo podía llevarse a cabo confiando en la “Verdad”, en que la verdad era una y única, alcanzable mediante la razón y validable a través de hechos, sin admitir ambigüedades. Cuando las supuestas pruebas de la brujería (marcas de nacimiento y otras señas delatoras) y la idea del vuelo físico de la bruja dejaron de encajar en el marco de una razón refinada, la brujería volvió a considerarse una fantasía fuera de la realidad. Hasta hace relativamente poco – y en muchos casos, aún hoy- todo lo que había que descubrir sobre el vuelo al Sabbat era qué clase de droga provocaba las “alucinaciones”. Con eso, se considera resuelto y explicado el incómodo asunto de la brujería. Lo que nuestra civilización sacrificó junto con las “brujas” que fueron a la horca o a la hoguera fue la validez de la experiencia subjetiva a la hora de entender, explicar y participar en el mundo.

Tal vez sea esa la mayor aportación de la brujería a la actualidad, el motivo por el que es tan necesaria: La conciencia de la verdadera dimensión de la humanidad, como un elemento integrado en el resto de la existencia con funciones que cumplir; la capacidad de recuperar el poder de la experiencia subjetiva, de adentrarse en la sombra y dialogar con sus moradores, trayendo las potencialidades a la superficie siguiendo el mismo recorrido de la semilla que germina bajo tierra y fructifica sobre ella. La brujería, tal como aquí es entendida, enfatiza la relación, el vínculo con el entorno visible e invisible. Concibe la existencia (y al individuo) como una sucesión de capas de fronteras permeables. En lugar de buscar la evasión hacia una idea abstracta de Paraíso, se compromete con la Tierra que habita, sabiendo que su aspecto más denso, la materialidad, no es sino hija de un sueño colectivo. La brujería es el arte de descubrir que la única separación entre el Paraíso (o la Edad Dorada) y la Tierra se encuentra en nuestra percepción, y actuar en consecuencia.

Dado que hemos sido educados en un modelo muy diferente, recuperar esta visión de la realidad no es un proceso sencillo, y a menudo encontramos resistencias. Pero una vez nuestra mente empieza a familiarizarse con esta forma de concebir la realidad, debe seguirle el resto del ser, y para ello apenas tenemos referencias acerca de las experiencias que nuestros antepasados – al menos algunos entre ellos- habrían asumido con mayor naturalidad.

Cuando hablamos de la Vía Diurna nos referimos a una serie de herramientas que nos ayudan a funcionar correctamente en el mundo “objetivo”, nos ayudan a ordenar nuestras ideas y también a dar cierto orden a nuestra vida, teniendo en cuenta los diferentes aspectos de nuestro ser y empezando a desarrollar su potencial. La Vía Diurna incluye técnicas que no ignoran el valor de la subjetividad, pero se centra en los procesos “sobre tierra”, en nuestro ámbito regular de actuación. Como hemos sido educados precisamente para vivir en este ámbito reducido, nuestra mente y nuestro cuerpo están más receptivos a aceptar algunas mejoras funcionales, y es un buen punto para empezar a tomar conciencia de nuestras capacidades.

Pero la Vía Nocturna, es el camino que emprendemos hacia las sombras y resplandores del Mundo, y de nosotros mismos. Dado que mucho del conocimiento que tuvimos al respecto se ha perdido, dada la naturaleza misma de estos territorios, a medida que nos alejamos de las zonas relativamente cartografiadas, aumenta el riesgo de lo imprevisible. Más allá del límite de nuestra comprensión racional, habitan los dragones y guardan los tesoros que no pueden ser conquistados mediante la fuerza o el engaño. Al igual que sucede en el reino onírico, las formas fluyen y las fronteras del individuo se diluyen en la danza de poderosas corrientes. Nadie regresa de este contacto siendo el mismo que partió, nadie regresa sin haber perdido el Mundo que conocía y ganado uno nuevo. La Vía Diurna puede ayudarnos a estar en las condiciones necesarias para asumir los riesgos que comporta la Vía Nocturna, para recoger lo que quede de nosotros y establecer un nuevo orden tras el Caos a todos los niveles que puede comportar el viaje, ayudándonos a integrar la experiencia en nuestras vidas cotidianas. En la Vía Diurna vemos nacer, fructificar y morir las manifestaciones del mundo objetivo. En la Vía Nocturna nos perdemos en las posibilidades infinitas que implica la disolución, para emerger en una nueva encarnación, en una concreción o manifestación única, que discrimina necesariamente el resto.

En ninguna de las Vías caminamos solos. El ser humano es un canal entre las fuerzas terrestres y las influencias que se hayan por encima del cielo sobre nuestras cabezas; tantas capas hay entre ellas como partes de nuestro ser, y moradores pertenecientes a cada nivel, con los que estamos igualmente vinculados. Todo aquello que surge de las profundidades de la tierra, de las regiones de la sombra, lo hace, en cierto modo, porque las estrellas lo atraen hacia sí. Y así como el mundo en el que hemos crecido, nuestra supuesta realidad objetiva, no es más que la región visible del Sueño de la Tierra, todo el ámbito terrestre, resulta ínfimo si lo comparamos a las Potencias estelares que nos apoyan y guían en el cumplimiento de nuestras funciones. Todos nuestros demonios anhelan las estrellas, que no pueden alcanzar por sí mismos, sino despertando en nosotros esa misma hambre. No importa con cuantas otras coses intentemos calmar sus exigencias, no importa cuántas otras cosas sacrifiquemos para intentar mantenerlos al margen: nuestros lujos, nuestros bienes, nuestra felicidad o nuestra vida… nada saciará su inagotable voracidad salvo el emprender el camino hacia las estrellas. Esto significa abrazar una mayor dimensión de nosotros mismos, que romperá desde dentro los límites de nuestro antiguo ser, y hundirá sus pilares. El viaje de ida a las profundidades implica una disolución equivalente a la muerte, mientras que el retorno a la superficie impone un nuevo, y en ocasiones doloroso, nacimiento a la luz.