Receptividad e inocencia

Arthur wardle, satyr resting with leopards

 

La receptividad no es un estado pasivo. Tampoco es un vacío a la espera de que cualquier cosa pase. Al urgirte a cultivar la receptividad, no quiero decir que te conviertas en alguien vago que carece de metas y reacciona ciegamente a cualquier cosa que la vida arroje ante ti.

La receptividad es una robusta disposición para ser sorprendido y movido, una vigorosa intención de estar consciente de todo aquello que no puedes controlar. Cuando eres receptivo en el sentido pronoiaco, tienes ideas firmes y una poderosa voluntad y un afan de diseminar tus particulares bendiciones, pero también te mueve la humilde certeza de que tienes mucho que aprender.

***

La mayoría de personas asocian inocencia con ingenuidad. La sabiduría convencional la considera propia de niños, locos y novatos faltos de sofisticación o experiencia para conocer las duras verdades de la vida.

Sin embargo, el Beauty and Truth Lab reconoce otro tipo de inocencia. Ésta se basa en la comprensión que el mundo cambia constantemente y por lo tanto merece ser visto de una forma nueva cada día. Esta forma alternativa de inocencia se nutre de una agresiva determinación para mantener limpiala imaginación de preconcepciones.

“Ignorancia es no conocer nada y ser atraído a lo bueno”, escribió Clarissa Pinkola Estes en Mujeres que corren con los lobos. “inocencia es conocerlo todo y aún así, ser atraído hacia lo bueno”.

Separador

Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: Arthur Wardle, A satyr resting with leopards

Fuego y cenizas

the_firebird_by_koyomi_chaan-d5co308

Prueba esta meditación: Imagina que eres un bosque y el fuego que consume ese bosque.
Primero, centra tu atención en la parte de tí que es el bosque. Puedes temblar o jadear, sintiendo el sobresalto de tu solidez desintegrándose, tu forma cambiando. Cuando muevas tu atención a la parte de tí que es el fuego, puedes regocijarte en el gozo salvaje del poder y la liberación.
Puede ser tentador poner al fuego por encima del bosque, preferir abrasar a ser abrasado. Pero si quieres entender la pronoia en toda su magnitud, deberías apreciar ambos estados por igual. ¿Puedes imaginarte siendo el fuego y el bosque de forma simultánea? ¿Es factible para ti experimentar el profundo placer de su colaboración?
                                                                                                                       Rob Brezny, Pronoia

De vez en cuando en nuestras vidas despertamos una fuerza que yace durmiendo, confinada al exilio, bajo capas y capas de roca, tierra y conformismo. Algunas veces acudimos en su búsqueda de forma consciente, otras, él parece escuchar nuestra muda llamada de auxilio y se levanta como un titán desde las profundidades, destrozando todo a su paso. Siempre la imagino como una enorme ave de fuego, que despierta con el sonido de una ramita que se rompe, y encuentra por fin el motivo y el momento de desplegar sus alas gigantescas y batirlas contra el cielo que por tanto tiempo le ha sido negado. La elevación de este monstruo tiene la belleza de las cosas terribles, cada movimiento desafía el peso de las culpas que teóricamente deberíamos sentir por dejarlo salir, por no medir el daño que la expresión descontrolada de su fuerza ígnea pueda causar. Liberar al pájaro de fuego libera también determinadas fuerzas en nuestro interior que han sido ignoradas y relegadas reiteradamente. Podría hablar de nuestros propios demonios si somos capaces de imaginarlos como potencialidades y aspiraciones a los que por un motivo u otro no parecía adecuado atender o dejar florecer.

De modo que un día cualquiera, en el que estamos demasiado agotados o aburridos, el pájaro de fuego siente que lo llamamos por su nombre y acude en nuestro auxilio a su majestuosa y terrible manera. Se trata de una experiencia intensa, que remueve hasta los cimientos el orden habitual de nuestra vida. El ave nos lleva a contemplar el borde del mundo, donde nos empapamos de infinito y por un segundo eterno nos parece entrever lo que se extiende más allá de sus bordes…  Pero como si se tratara de un sueño despertamos en el mismo suelo de siempre, rodeados de cenizas. Una y otra vez, a lo largo de los años, he asistido al despertar del ave de fuego en mi vida. He volado con él y  he despertado entre las ruinas de lo que un día fuera mi mundo. Y cada vez me he preguntado qué había hecho mal, qué hacia falta para continuar la danza encantada más allá de las estrellas en vez de despertar con el sabor de la ceniza en los labios.

A pesar de lo que la publicidad nos quiera hacer creer, el paso de los años puede ser maravilloso. A mí me ha servido para volver a los mismos lugares y situaciones y sorprenderme contemplándolos desde perspectivas muy diferentes, creandome tal vez la fantasía de que algo habré aprendido. El caso es que la última vez que desperté rodeada de ruinas y cenizas de un mundo perdido, pude apreciar claramente la oportunidad que suponían. La experiencia con el ave de fuego es intensa, maravillosa y en ocasiones aterradora, y en contraste el mundo roto y abandonado como un cascarón partido parece demasiado pálido, vacío, silencioso, desprovisto de emoción. La imagen de un bosque consumido por las llamas es triste y dolorosa, y vernos así, sin una idea de lo que va a suceder a continuación, suele llenarnos de desasosiego.

Sin embargo, a su debido tiempo, y especialmente si ponemos en ello nuestro cuidado y empeño, los bosques resurgen, porque han dejado sus semillas bajo la tierra. Muchas mitologías antiguas nos relatan que el mundo surgió de un huevo. Tal vez el ave de fuego se eleva a los cielos para estar a la distancia adecuada para ser el sol que ilumine ese nuevo mundo que crecerá de la cáscara que abandona a nuestros pies. Creo que cuando somos capaces de verlo de este modo, el luto por lo perdido se va diluyendo a favor del agradecimiento por la oportunidad que la situación representa. Nos encontramos ante un nuevo mundo que pugna por nacer, alimentándose de los restos de su predecesor, dispuesto a retarlo en esplendor. Un nuevo mundo que confía en nuestros cuidados, para crecer a nuestro alrededor y darnos sus frutos. A medida que acompañamos al nuevo mundo en este paciente crecimiento en el que todo ocurre exactamente al ritmo que debe ocurrir, es posible que reencontremos tesoros que habíamos descuidado, que volvamos a apreciar la grandeza de las pequeñas cosas y entendamos que no es que nuestro viejo mundo estuviera demasiado agotado, sino que tal vez nuestros ojos se habían ido empañando.

 SeparadorImagen: The Firebird

Problemas mayores, mejores y más interesantes

9d608e4568fe9595c291db5c24c7dc08

¿Existe algo más peligroso que levantarse por la mañana y no tener nada de que preocuparse, sin problemas para resolver, sin fricción para calentarte? Ese estado puede ser una amenaza para tu salud, porque de no tratarse, incita un anhelo inconsciente por cualquier viejo problema tonto que pueda despertar algún entusiasmo.

La adquisición de problemas es una necesidad humana fundamental. Es tan crucial para tu bienestar como conseguir comida, aire, agua, sueño y amor.  Te defines a ti mismo – de hecho, te haces a ti mismo – a través de los enigmas que atraes y resuelves. Las personas más creativas del planeta son aquellas que seleccionan las preguntas más grandes y difíciles y luego van a la búsqueda de los recursos necesarios para encontrar las respuestas.

La sabiduría convencional considera que los mejores problemas son aquellos que nos ponen en situaciones duras. Supuestamente no hay ganancia sin dolor.Y supuestamente el estrés es un estímulo incomparable a la hora de recurrir a recursos que anteriormente no estaban disponibles o permanecían latentes. El aforismo de Nietzsche, “Lo que no me mata me hace más fuerte”, ha alcanzado el estatus de una verdad última.

Estamos de acuerdo a medias. Está claro que el estrés también acompaña a muchos problemas mediocres que tienen poco poder para hacernos más inteligentes. El dolor frecuentemente no genera ganancia. Todos somos propensos a habituarnos, incluso a volvernos adictos, a molestias persistentes que van y vienen sin despertar a ninguno de nuestros genios dormidos.

Existen, además, otra clase de dificultades – llamémosle el delicioso dilema – que no se alimentan de la angustia ni tampoco la generan. Por el contrario, son divertidas y vigorizantes, y por lo general florecen cuando se siente una profunda sensación de estar en casa en el mundo. El problema de escribir mi libro es un buen ejemplo. He disfrutado manejando los desafíos perplejos con los que me ha enfrentado.

Imagina una vida en la que al menos la mitad de tus dilemas coincidan con este perfil. Actúa como si al ser la alegría tu estado mental predominante, fuera más probable atraer problemas útiles. Considera la posibilidad de que estar en circunstancias inquietantes pueda reducir tu capacidad de soñar los enigmas que más necesitas; que quizá es difícil plantearse las mejores preguntas cuando estás preocupado luchando en la retaguardia contra molestias aburridas o humillantes que te han invadido durante muchas lunas.

Predicción: Como aspirante a amante de la pronoia, tendrás un creciente don para gravitar hacia problemas más salvajes, más húmedos, más interesantes. Cada vez te sentirás más atraído por el tipo de ganancia que no requiere dolor. Estarás tan vivo y despierto que te alejarás alegremente de tu zona de confort hacia tus fronteras personales, mucho antes de verte obligado a hacerlo por medio de patadas divinas en el culo.

La definición de “felicidad” en el “Diccionario foráneo de Memes Pronoíacos” del Beauty and Truth Lab es “estado de ánimo que resulta de cultivar problemas interesantes y útiles”.

(…)

“Debemos sentirnos entusiasmados con los problemas que enfrentamos y nuestra capacidad para lidiar con ellos”, dice Robert Anton Wilson. “Resolver problemas es una de las más altas y más sensuales de todas nuestras funciones cerebrales”.

Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: François Fressinier

Un tabú peligroso

83829194_large_pleine_lune_orfre201115

Este libro (“PRONOIA Is the Antidote for Paranoia” ) es una conversacion, no un dictado. Es una pregunta, no un dogma. Somos exploradores en la búsqueda de la siempre envolvente verdad, no autoridades proclamando doctrina desde lo alto. Rechazamos ser vendedores intentando que te gusten o que compres nuestras ideas. De hecho, vamos a ver las desventajas de las perspectivas que celebramos.

La primera cosa que debes considerar antes de establecer vincularte con la pronoia es que ésta está totalmente en desacuerdo con la sabiduría convencional. John Keats, poeta del siglo XIX,  dijo que si algo no es hermoso, probablemente no es cierto. Pero la gran mayoría de los narradores actuales – periodistas, cineastas, novelistas, presentadores televisivos y poetas-, afirman lo contrario: si algo no es feo, probablemente no sea cierto.

En un mundo que equipara el pesimismo con la perspicacia y considera las historias sobre cosas que se desmoronan la cumbre del entretenimiento, la pronoia es una desviación. Es un tabú tan tabú que ni siquiera se reconoce como tal.

El niño americano promedio ve 20.000 asesinatos simulados antes de llegar a los 18 años. Esto se considera normal. Hay miles de películas, programas de televisión y viedeojuegos que muestran a las personas haciendose cosas terribles las unas a las otras. Si lees periódicos y sitios de noticias en Internet, tienes todo el derecho a creer que la experiencia humana está conformada en un 90%  por cosas malas y desagradables. Los autores de miles de libros publicados este año esperan atraerte a través del glamour de matar, ser adicto, odiarse a uno mismo, tener alguna patología sexual, la vergüenza, la traición, la extorsión, el robo, el cáncer, el incendio premeditado y la tortura.

Sin embargo tendrás dificultades para encontrar más que unas pocas novelas, películas, noticias y programas de televisión que se atrevan a describir la vida como un regalo cuyo propósito es enriquecer el alma humana.

Si cultivas una afinidad por la pronoia, la gente que respetas puede preguntarte si has perdido el camino. Puedes parecerles ingenuo, excéntrico, irreal, equivocado, o incluso estúpido. Tu reputación podría verse dañada y tu estatus social podría disminuir.

Pero eso puede ser relativamente fácil  en comparación con la lucha que supone crear una nueva relación contigo mismo. Para empezar, tendrás que reconocer que lo que antes considerabas una facultad muy apreciada -la capacidad de discernir la debilidad en todo- podría ser en realidad una señal de cobardía y pereza. Lejos de ser una muestra de tu poder y singularidad, tu impulso para producir opiniones severas alimentadas por la hostilidad es probablemente una señal de que has sufrido el lavado el cerebro de las ordinarias influencias del nihilismo pop.

Antes de iniciar la pronoia, puedes sentirse bien generando gran parte de tu energía dinámica a través de la ira, la agitación, la incomodidad y el desprecio crítico. Pero una vez que la pronoia avanza, naturalmente querrás más sentimientos positivos que se conviertan en tu combustible de alto octanaje. Eso requerirá un entrenamiento extensivo. El trabajo podría ser arduo, delicado y lento.

¿Estás realmente listo para desechar los valores y las imágenes de tí mismo que te mantienen encerrado en la alineación con la civilización moribunda? ¿Tendrás la energía y la inspiración necesarias para inventar pecados mayores, mejores, más originales y problemas más salvajes, más húmedos y más interesantes? ¿Te das cuenta de lo exigente que será convertirte en un ser salvajemente disciplinado, radicalmente curioso, ferozmente tierno, irónicamente sincero, ingeniosamente cariñoso, agresivamente sensible, blasfemamente reverente, lujurioso y compasivo maestro de felicidad turbulenta?

***

Rob Brezny, Pronoia, North Atlantic Books, Berkeley, 2009, pp.61-62
Imagen: François Fressinier