0 Al Este del Sol, al Oeste de la Luna 0

reginald knowles

Hubo un tiempo en el que aceptar que nunca podemos dar por cierto que veremos otra primavera era más sencillo. En aquel pasado, el paisaje era el escenario, y no había otra iluminación que la proporcionada por el sol, la luna o el fuego. La huella viva en la memoria de lo terrible y maravilloso hacia incecesarios trucos y embelesamientos. En esas noches crueles y bellísimas hombres, mujeres y todo tipo de espírituas y criaturas se reunían, y así mismo se reunían sus glorias y sus miserias, y compartían las historias que hacían de su vida algo más que mera supervivencia.

Aún hoy, si por algún motivo nos vemos momentáneamente liberados de las redes del convencionalismo, notamos cómo cuando la oscuridad gana terreno, y el frío araña los cristales de nuestras ventanas, renace un impulso al relato, al tejido común de la palabra sobre el silencio helado. Un sombrío mendigo, anciano y ranqueante, toca a nuestra puerta y si decidimos darle cobijo, descubrimos que lo sigue un desfile interminable de recuerdos, una corte innumerable de historias que, siendo ajenas, podemos reconocer y, siendo nuestras, no nos pertenecen por completo.

Un programa largo y relativamente denso, como los platos que se cocinan en invierno y por los mismos motivos. Dos cuentos noruegos nos servirán de guía en este recorrido por las noches más oscuras del año: Al Este del Sol, al Oeste de la Luna y Valemon el Rey Oso Blanco, compilados por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørigen Moe, y publicados por primera vez en 1841.

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Imagen: Reginald L. Knowles y Horace J. Knowles, para Norse Fairy Tales, 1910

TN09 – La Hija Desobediente

 

Capítulo IX
De los encuentros con el Diablo

La Leyenda del Pas de la Guineu (Paso del Zorro) guarda cierto parecido con otras leyendas y baladas tradicionales protagonizadas por jóvenes desobedientes. A diferencia, sin embargo, de la mayoría de las historias de este tipo, el encuentro con los seres de otro mundo tiene lugar a mediados de agosto y  el habitual punto de confluencia entre mundos, la encrucijada, es sustituido por otro tramo característico de los caminos: un paso estrecho.

¿Cuál es el secreto de los cuentos? Los cuentos están hechos para desafiar los límites del tiempo y la geografía, sobreviven a lo largo de incontables generaciones, adaptando sus formas con tal de agradar a los anfitriones que les dan morada y llegan a considerarlos parte de su familia, pues creen que abraza su espíritu y les pertenece.

Y sin embargo, el cuento no es de nadie, es un eterno extraño, porque pertenece al mundo, y sigue siempre su viaje dejando una parte de sí en cada huella trazada. El cuento es un espejo de palabras, antiguo como el reflejo de la luna sobre las aguas, e igualmente ambiguo. Puede bajar el cielo a la tierra, o devenir un sendero a las profundidades, puede mostrarnos lo que somos y lo que no somos, lo que fuimos o podemos llegar a ser. Como una puerta, puede señalar un límite, o invitarnos a cruzar al otro lado.


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Imagen: Jason Holley, portada de “Trouble”, álbum de Ray LaMontagne, 2004

TN08 – Cormac en la Tierra Prometida

Duncan, John, 1866-1945; The Riders of the Sidhe

Capítulo VIII
Donde se viaja al Otro Mundo, y de las cosas que se aprenden en él

Cerca del Solsticio de Verano, bajo el influjo del cielo estrellado, parece apropiado recordar las leyendas de las entidades feéricas en su aspecto más amable y honrar a sus protagonistas, pues en muchos territorios esta es la gran noche de la época luminosa para el encuentro con lo maravilloso. Lo terrible suele reservarse al periodo oscuro… Aunque, por supuesto, no tiene por qué ser necesariamente así.

La Aventura de Cormac en la Tierra Prometida se encuentra en una recopilación del s.XIX, realizada por Lady Augusta Gregory titulada Gods and Fighting Men. The Story of the Tuatha De Danaan and of the Fianna of Ireland. Se trata de una elaboración literaria de la autora basada en fuentes más antiguas.  En este relato Manannan Mac Lir aparece como Rey de la Tierra Prometida, el Otro Mundo, el Paraíso en la Tierra, donde la vida se renueva y convergen los antiguos dioses y antepasados, los espíritus humanos y las huestes feéricas; el lugar en el que arde el fuego perpetuo y donde nacen todas las corrientes.

Aunque la historia de Lady Gregory es una redacción moderna conserva símbolos y patrones antiguos, a través de los que podemos vislumbrar otra comprensión del mundo que nos rodea. Seguir la pista a estos símbolos es aventurarse en la analogía, en las correspondencias o resonancias que éstos puedan encontrar con aquello que llevamos dentro y, tal vez, descubrimos en este ejercicio.

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Imagen: The Riders of the Sidhe, John Duncan, 1911.

El Mirall Màgic / El Espejo Mágico

Presente desde la antiguedad en el inventario de las herramientas mágicas, las aplicaciones operativas del espejo son extensas y variadas y van más allá de sus usos folclóricos como objeto protector y propiciatorio, o como componente en la fabricación de talismanes más elaborados. Empleado con conocimiento y comprensión de sus facetas más profundas, el espejo en contexto ritual tiene la propiedad de potenciar los efectos de la conjuración y la clarividencia, y puede jugar un papel clave en la comunicación con espíritus y potencias, así como en iniciaciones y ritos de paso. […]

a través de El Mirall Màgic / El Espejo Mágico — El Gremi de l’Art

TN06 – Ojos de Estrella

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Capítulo VI
Donde desde lo más profundo se mira a lo más alto

A las puertas del Solsticio, en el corazón del invierno, en uno de los periodos más mágicos del año nos reunimos para compartir historias, como muchos antes que nosotros lo hicieron. Fuera, en la oscuridad, multitud de espíritus cabalga sobre el viento helado, como si el sueño de tierra, dormida bajo un manto de hielo corporeizara caprichosas imágenes en la bruma, mientras en su vientre las semillas empiezan a germinar. Todo en lo profundo de esta noche es un último canto de despedida a lo que fue, y una promesa encendida de lo que está por venir.

Así lo hemos notado a lo largo del tiempo, y hemos tratado de traducir en cantos, en ritos o en mitos que danzan entorno a un Misterio que no puede ser explicado, sino experimentado. El cuento de esta noche también es especial, y nos llega de Finlandia, de la mano de Zacrhis Topelius. Lleva por título Ojos de Estrella.

 

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Ilustración: Summer night, Akageno Saru

Terra, Joan Vinyoli

Takato Yamamoto
Takato Yamamoto, Woman in branches

 

La Terra

Arbre de càntic a mercè
de vents contraris a la terra,
meu estatge, la terra
m’ha nodrit les arrels:
la muntanya i el bosc,
el ponent i l’aurora,
són dintre meu, són ja la meva sang.

Diré tan sols: empara’m, terra,
damunt la teva falda i en els ulls
posa’m la mà feixuga de silenci.
M’adormiré en la tarda blava
dels teus ulls.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

 

No només en el llampec que enlluerna anunciant aquell brogit que farà tremolar el sòl sota els nostres peus, sinó també en la humil remor de la pluja que arrossega suaument la terra, creant senders insospitats al seu pas atzarós.

Un dia, i un altra dia, com denes en un collar que el temps va desgranant, les corrents desvetllades ens porten en elles, mentre allò que fórem va perdent-se en la callada tenebra de l’oblit. L’esbarzer amb les seves urpes, la roca amb el seu coltell, fan seva la pell que deixem pel camí,  i ja no ens dol el sacrifici, si es que se’n pot dir sacrifici de l’alliberament dels vells límits, de la dissolució de les fronteres del nostre ésser. No ens dol, però si fes mal, tant se valdria, amarats ja del daurat del capvespre de tardor, de l’aurora hivernal.

Algunes tardes quelcom crida, i jo em deixo portar, lluny de les veus del món, pels camins deserts entre els camps remoguts, fins el que ens queda de bosc. Jec sota el brancatge de l’alzina, en un jaç de roca i fulles seques, sobre la terra humida. Respiro el fred i sento el batec que ens uneix, mentre la nit va estenent-se al nostre voltant com un vel de foscor. Del laberint dels Salons Soterranis, grimpen per les arrels els càntics del cor de l’estiu, refugiat en la sina de la terra, com el foc de llar primera.

Sento la mort en cada alenar,  conscient de que allò que em conforma ha canviat com els colors d’aquest paratge que ens empara. A través de la cúpula de les fulles, des del nostre cel ferit, s’escola encara la llum d’alguns estels. Moro en cada alenar, de la mateixa manera que viuré quan no quedi res del que he estat, quan tota jo sigui ja terra.

Moren les paraules en creuar el llindar, superades per allò que voldríen dir però no acabaran mai de copsar, regna el silenci. Anem pels marges, amb tot el que som, alè i batec, ossos i carn, lliurant-nos, extraviant-nos, meravellats alhora de la nostra fragilitat, i de la força callada que s’amaga al darrera i ens empeny a través de les ombres i la llum.

 

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La Tierra

Árbol de cántico a merced
de vientos contrarios a la tierra,
mi morada, la tierra
ha nutrido mis raíces:
la montaña y el bosque,
el poniente y la aurora,
son en mi, son ya mi sangre.

Diré tan solo: ampárame, tierra,
sobre tu regazo y en los ojos
ponme la mano pesada de silencio.
Me dormiré en la tarde azul
de tus ojos.

Joan Vinyoli, El Callat, 1946

No sólo en el relámpago que deslumbra anunciando aquel ruido que hará temblar el suelo bajo nuestros pies, sino también en el humilde rumor de la lluvia que arrastra suavemente la tierra, creando senderos insospechados a su azaroso paso.

Un día, y otra día, como cuentas en un collar que el tiempo va desgranando, las corrientes desveladas nos llevan en ellas, mientras lo que fuimos va perdiéndose en la callada tiniebla del olvido. La zarza con sus garras, la roca con su cuchillo, hacen suya la piel que dejamos por el camino, y ya no nos duele el sacrificio, si es que puede llamarse sacrificio de la liberación de los viejos límites, de la disolución de las fronteras de nuestro ser. No nos duele, pero si lo hiciera, no importaría, empapados ya del dorado del atardecer de otoño, de la aurora invernal.

Algunas tardes algo llama, y ​​yo me dejo llevar, lejos de las voces del mundo, por los caminos desiertos entre los campos removidos, hasta lo que nos queda de bosque. Yazgo bajo el ramaje de la encina, en un lecho de roca y hojas secas, sobre la tierra húmeda. Rrespiro el frío y siento el latido que nos une, mientras la noche va extendiéndose a nuestro alrededor como un velo de oscuridad. Del laberinto de los Salones Subterráneos, trepan por las raíces los cánticos del corazón del verano, refugiado en el seno de la tierra, como el fuego del hogar primero.

Siento la muerte en cada aliento,  consciente de que lo que me conforma ha cambiado como los colores de este paraje que nos ampara. A través de la cúpula de las hojas, desde nuestro cielo herido, se cuela aún la luz de algunas estrellas. Moro en cada respirar, al igual que viviré aún cuando no quede nada de lo que he sido, cuando toda yo sea ya tierra.

Mueren las palabras al cruzar el umbral, superadas por lo que quisieran decir pero no acabarán nunca de alcanzar, reina el silencio. Vamos por los márgenes, con todo lo que somos, aliento y latido, huesos, carne; librándonos, extraviándonos, maravillados al mismo tiempo de nuestra fragilidad y de la callada fuerza que se esconde detrás de ella y nos empuja a través de las sombras y la luz. 

TN 04 – El Mal Cazador

Capítulo IV
Donde se habla de la Caza Salvaje

Adentrados ya en el otoño, es tiempo de encontrarnos con la Caza Salvaje, el cortejo de las almas descarnadas en el que se mezclan difuntos, entidades feéricas, brujas y cambia formas, una corriente que remueve cielos y tierra para disolver los últimos restos de un orden caduco como las hojas que van cayendo sobre la tierra. Lo haremos a través de las leyendas del Mal Cazador y del Comte Arnau, que nos llevaran a hablar del culto a los ancestos, el papel del brujo en el territorio, las visitas de la época oscura y las damas de la corte feérica.

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Ilustración: Mikhail Chernodedov

TN 03 – Capucha Andrajosa

Tatterhood

Capítulo III
Donde se habla de la Sombra

Ahora que los días se acortan, es tiempo de adentrarnos en los reinos de la Sombra, y lo haremos de la mano de “Capucha Andrajosa” (Tatterhood), un cuento noruego muy ligado a las tradiciones de brujería europea, recopilado en el siglo XIX por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen, y Jorgen Moe. Una historia fascinante que incluye trolls, brujas, niñas que montan cabras, batallas nocturnas, cabezas arrancadas y transformaciones feéricas.

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Ilustración: Sarah Diblasi Crain

El espíritu del zorro literato, y Saint-Exupéry

zorro

El Sueño es un territorio extenso… a través de sus umbrales accedemos a conocimientos y realidades que generalmente nos estan veladas durante el tiempo de la vigília. Al igual que sucede con nuestra geografía física, cada sueño tiene un clima, un paisaje, unos habitantes e incluso un código propio. Hay sueños que no son más que los restos acumulados de memorias reticentes, hay otros que nos adentran a Mundos que parecen más reales que aquel en el que despertaremos. Hay lugares en el Sueño a los que llegamos en una única noche y, sin embargo, nos acompañan a lo largo de los años, a veces como un misterio personal por descifrar. Hay lugares en el Sueño por los que estamos de paso, y otros a los que volvemos siempre como a un segundo hogar.

Para mí, el Sueño configura un espacio y un tiempo sagrados para el encuentro con la Sombra, y todo lo que a través de ella permea hacia mí. Este es el motivo por el que me rehúso a programar mis sueños, a imponer la voluntad de mi conciencia en ellos. Los sueños que no nos dicen nada, los que no son significativos, los que no recordamos cumplen también su función, y nos dan el descanso necesario para funcionar en la vigilia. Antes que explotar este terreno para que rinda los resultados deseados por mi ego, prefiero cuidar este espacio para que las sombras, que requieren su tiempo, desarrollen su labor.  Las invito a contarme lo que necesito saber, y luego guardo silencio y presto atención. Recuperar el puente que vincula la experiencia onírica con la vigilia es recuperar una delicada red de senderos entre mundos o realidades; pero estos senderos se parecen más a las corrientes invisibles y cambiantes en las que viajan las aves que a las carreteras que surcan nuestra tierra como cicatrices de asfalto.

Hace algunas semanas, cuando empezaba a redactar algo acerca de la conexión con el territorio, tuve un sueño curioso. Estaba en un apartamento, en una zona urbana no demasiado bonita, ni recomendable; teníamos un patio y en su muro había un agujero. Un zorro decidía instalarse allí. No era un zorro como los que encontraríamos en el campo, sino algo así como la idealización de un zorro, una criatura de tamaño mucho mayor que se movia como una grácil pincelada de rojo fuego tras unos ojos verdes, brillantes e inteligentes.
Sorpendida – aunque honrada – por su presencia, lo único que se me ocurría decirle era “Eres demasiado hermoso para estar en un lugar como éste, no quiero domesticarte“. El zorro se reía, condescendiente, respondía “No estoy aquí para que me domestiques, estoy aquí porque me caes bien y me apetece. De todas formas no es domesticar. Vuélvelo a leer.”  Fin del sueño.

Al despertar obviamente recordé el Principito de Antoine de Saint Exupéry, obra a la que, sin haber leído, le tengo manía desde pequeña precisamente por  la famosa cita “domesticar es crear vínculos”, sacada del capítulo XXI. Teniendo en cuenta que en mi mente domesticar es sinónimo de dominar o someter lo salvaje a nuestros civilizados intereses, se comprenderá mi horror y mi manía a la sentencia. Pero era el tipo de sueño al que uno puede prestar atención, y realicé la correspondiente búsqueda rápida. A saber cómo, el zorro tenía razón. La palabra original es “apprivoiser”, que se puede traducir como domesticar, pero que tal vez sería más exacto traducir como “familiarizarse con”, lo que dejaría el texto así:

(…) -No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “familiarizarse”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos… ”

(…)
Familiarízate conmigo -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas con las que te familiarizas -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. (…)
-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca….

Así re-leído, el texto tenía otro sentido para mi. Se trataba de una mínima corrección, un afinar los conceptos [ La domesticación es un proceso en el que uno de los implicados en la relación impone su voluntad sobre el otro; la familiarización, sin embargo, conlleva una transformación mútua, por acercamiento y contacto de ambas partes], pero sobretodo se trató de una especie de guiño acerca de la interacción del mundo onírico con el vigil. Una anécdota para empezar a hablar del “trabajo” con sueños.

El zorro del sueño sabía cosas que mi conciencia no podía saber  – mi francés no da para tanto- , o tal vez fue a rescatarlas del fondo de mi memoria en un momento en quepodían tener sentido para mí. Una sincronicidad mínima que me invitaba a comprobar con un mensaje demasiado directo como para perder el tiempo buscando cosas como “qué significa soñar con zorros” o “el zorro como animal totémico/ de poder”, dándome un ejemplo de aquellos casos que resultan tan personales que una respuesta externa, general, localizable en una lista de correspondencias, carece de sentido.

El contexto es importante. Dado que mi lenguaje onírico tiene una clara preferencia por las formas animales, si debiera considerar cada animal que aparece en mis sueños como un “animal de poder” a mi disposición, podría hacer llorar de envidia al señor de las bestias. Por otra parte, los zorros reales que habitan los montes y los campos no leen libros y comentan al respecto – en todo caso, tienen otras cosas que enseñarnos-. No fue el “espíritu del zorro” lo que vino a visitarme, en todo caso, sería el espíritu del zorro literato. Naturalezas muy distintas pueden animar formas parecidas, lo cual no impide que cada experiencia pueda aportarnos algo valioso. Simplemente, se trata de tener paciencia, tener preparado el espacio y dar la bienvenida a las visitas cómo si fueran visitas de verdad, y no un programa mecánico de preguntas y respuestas automatizadas.

En la mayoría de casos no vendrán con grandes revelaciones, consejos o augurios -cuando lo hagan, seguramente marcaran un antes y un después en nuestras existencias-. En el sueño como en la vigilia, los aliados, los familiares, no son mascotas, ni bestias de carga. Así como es recomendable acercarse al mundo natural con delicadeza y respeto, también lo es en referencia al territorio onírico. Reparar el hilo quebrado, ganar la confianza de las sombras, de lo invisible. Quitarse los zapatos, dejar la mente del conquistador fuera de este espacio sagrado. Prestar atención, escuchar. Es mucho lo que tenemos que aprender antes de poder dejar una huella que no altere el manto de pétalos que pisamos, antes de poder articular una palabra con sentido en un reino al que nuestra larga ausencia nos devuelve como extraños.

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Imagen: Vulpes vulpes, Robert Farkas

TN 02 – El oro de las hadas

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Capítulo II
Donde se habla de cosas que no son lo que parecen

Bienvenidos a la Torre Negra, en el capítulo de hoy hablaremos del oro de las hadas. Cómo se gana, cómo se trae del Otro Mundo, cómo se desvanece al amanecer, o nos transforma por completo… Y además, del sabor a queso y los filtros de instagram. Con el cuento de Madre Holda, y la leyenda de les Dones d’Aigua de les Estunes.

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