TN10 – La Dama y el Jándalo

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Capítulo X
De los efectos de lo Terrible y lo Maravilloso

El cuento de hoy es el último audio que grabé para Encrucijada Pagana, antes de recuperar el proyecto. No se llegó a publicar, y en agradecimiento por vuestro apoyo en esta nueva etapa, quería entregároslo como una de esas cartas que llegan mucho después de lo previsto a su destinatario, pero que llegan, quizá, en el momento adecuado. Aunque sea en susurros…

La de hoy es una leyenda, una historia de traición y justicia poética, contada a medias entre Cantabria y Cataluña, dado que en cada uno de estos territorios se conserva una versión que recuerda lo que la otra ha olvidado. La Dama y el jándalo, recopilada por el cántabro Manuel Llano, se encuentra entre los apuntes del catalán Joan Amades referida como la leyenda del Gos Nonell (Perro Nonell). De este modo, lo que algunos autores relacionan con los gigantes y criaturas de la nieve, se puede vincular también con los sabuesos infernales, ligados -cómo no- a la Caza Salvaje. Aparecerán también en el relato las Anjanas, entidades feéricas relacionadas con las damas del agua y del invierno. A través de estos personajes, y sus interacciones, hablaremos de los efectos de lo Terrible y lo Maravilloso en aquellos que recorren los caminos torcidos.

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Imagen: Hellhounds, Inc.

0 Al Este del Sol, al Oeste de la Luna 0

reginald knowles

Hubo un tiempo en el que aceptar que nunca podemos dar por cierto que veremos otra primavera era más sencillo. En aquel pasado, el paisaje era el escenario, y no había otra iluminación que la proporcionada por el sol, la luna o el fuego. La huella viva en la memoria de lo terrible y maravilloso hacia incecesarios trucos y embelesamientos. En esas noches crueles y bellísimas hombres, mujeres y todo tipo de espírituas y criaturas se reunían, y así mismo se reunían sus glorias y sus miserias, y compartían las historias que hacían de su vida algo más que mera supervivencia.

Aún hoy, si por algún motivo nos vemos momentáneamente liberados de las redes del convencionalismo, notamos cómo cuando la oscuridad gana terreno, y el frío araña los cristales de nuestras ventanas, renace un impulso al relato, al tejido común de la palabra sobre el silencio helado. Un sombrío mendigo, anciano y ranqueante, toca a nuestra puerta y si decidimos darle cobijo, descubrimos que lo sigue un desfile interminable de recuerdos, una corte innumerable de historias que, siendo ajenas, podemos reconocer y, siendo nuestras, no nos pertenecen por completo.

Un programa largo y relativamente denso, como los platos que se cocinan en invierno y por los mismos motivos. Dos cuentos noruegos nos servirán de guía en este recorrido por las noches más oscuras del año: Al Este del Sol, al Oeste de la Luna y Valemon el Rey Oso Blanco, compilados por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørigen Moe, y publicados por primera vez en 1841.

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Imagen: Reginald L. Knowles y Horace J. Knowles, para Norse Fairy Tales, 1910

TN09 – La Hija Desobediente

 

Capítulo IX
De los encuentros con el Diablo

La Leyenda del Pas de la Guineu (Paso del Zorro) guarda cierto parecido con otras leyendas y baladas tradicionales protagonizadas por jóvenes desobedientes. A diferencia, sin embargo, de la mayoría de las historias de este tipo, el encuentro con los seres de otro mundo tiene lugar a mediados de agosto y  el habitual punto de confluencia entre mundos, la encrucijada, es sustituido por otro tramo característico de los caminos: un paso estrecho.

¿Cuál es el secreto de los cuentos? Los cuentos están hechos para desafiar los límites del tiempo y la geografía, sobreviven a lo largo de incontables generaciones, adaptando sus formas con tal de agradar a los anfitriones que les dan morada y llegan a considerarlos parte de su familia, pues creen que abraza su espíritu y les pertenece.

Y sin embargo, el cuento no es de nadie, es un eterno extraño, porque pertenece al mundo, y sigue siempre su viaje dejando una parte de sí en cada huella trazada. El cuento es un espejo de palabras, antiguo como el reflejo de la luna sobre las aguas, e igualmente ambiguo. Puede bajar el cielo a la tierra, o devenir un sendero a las profundidades, puede mostrarnos lo que somos y lo que no somos, lo que fuimos o podemos llegar a ser. Como una puerta, puede señalar un límite, o invitarnos a cruzar al otro lado.


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Imagen: Jason Holley, portada de “Trouble”, álbum de Ray LaMontagne, 2004

TN08 – Cormac en la Tierra Prometida

Duncan, John, 1866-1945; The Riders of the Sidhe

Capítulo VIII
Donde se viaja al Otro Mundo, y de las cosas que se aprenden en él

Cerca del Solsticio de Verano, bajo el influjo del cielo estrellado, parece apropiado recordar las leyendas de las entidades feéricas en su aspecto más amable y honrar a sus protagonistas, pues en muchos territorios esta es la gran noche de la época luminosa para el encuentro con lo maravilloso. Lo terrible suele reservarse al periodo oscuro… Aunque, por supuesto, no tiene por qué ser necesariamente así.

La Aventura de Cormac en la Tierra Prometida se encuentra en una recopilación del s.XIX, realizada por Lady Augusta Gregory titulada Gods and Fighting Men. The Story of the Tuatha De Danaan and of the Fianna of Ireland. Se trata de una elaboración literaria de la autora basada en fuentes más antiguas.  En este relato Manannan Mac Lir aparece como Rey de la Tierra Prometida, el Otro Mundo, el Paraíso en la Tierra, donde la vida se renueva y convergen los antiguos dioses y antepasados, los espíritus humanos y las huestes feéricas; el lugar en el que arde el fuego perpetuo y donde nacen todas las corrientes.

Aunque la historia de Lady Gregory es una redacción moderna conserva símbolos y patrones antiguos, a través de los que podemos vislumbrar otra comprensión del mundo que nos rodea. Seguir la pista a estos símbolos es aventurarse en la analogía, en las correspondencias o resonancias que éstos puedan encontrar con aquello que llevamos dentro y, tal vez, descubrimos en este ejercicio.

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Imagen: The Riders of the Sidhe, John Duncan, 1911.

Una emigrada lituana y un barón inglés

8791526024657_MDEsta semana volví a El Libro Rojo para hablar de Marija Gimbutas y su obra “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”. Es la segunda vez que toco el tema, como una de esas encrucijadas que, por más que desees dejar atrás, reencientras una y otra vez. A menos que uno quiera pasar de puntillas sobre el tema, o convertirse en un seguidor o detractor incondicional, la figura y la obra Gimbutas remiten a un profundo conflicto que atraviesa diversos niveles de reflexión.

Ahí está Gimbutas, sus aportaciones a la disciplina arqueológica/histórica, su vínculo subjetivo con aquello que identificó como “La Diosa”, su heroica historia personal y su poder mediático, aunque muchos no sepan aún quien fue. Y por otro, ahí está lo mucho que hay que matizar acerca de lo que dijo y la deriva de su carrera desde la arqueología al movimiento espiritual. Cada vez que tengo que hablar de Gimbutas dudo entre si presentar sus propuestas como algo novedoso o desfasado, porque resulta que es ambas cosas a la vez.

Es novedosa porque para mucha  la idea de “la Diosa”, la noción de un divino femenino en conexión con la tierra, la importancia del mito y el símbolo, és aún algo exótico y confrontante, y terriblemente necesario. Pero está desfasada porque lo cierto es que, desde la perspectiva metodológica, si sólo nos basamos en la interpretación libre e intuitiva de los símbolos hallados en la cultura material de antiguas civilizaciones,  es tan válido creer en una Gran Diosa como en Alienígenas Constructores de Pirámides.

Esto lo saben muy bien en History Chanel. Y esa es la visión que se tiene de la historia en general, o bien una justificación para nuestras propias ideas y tendencias, o bien es una obligación (en un mundo en el que la apariencia de cultura se presupone signo de status social), o bien se convierte en un entretenimiento o forma de evasión. En el fondo permanecen los mismos discursos polarizados, la misma manipulación emocional y la misma impotencia final. Lo que resulta más angustiante es la facilidad que tienen los polos para invertirse, cómo un discurso rompedor termina perpetuando las estructuras que en origen pretendía derrocar,  y aún convirtiéndose en cómplice del mismo.

Gimbutas (Lituania,1921) tiene una biografía fascinante, trabajando en condiciones de franca desventaja entre sus colegas, logró abrir el ámbito de la arqueología hacia los estudios lingüísticos e históricos, y a su relación con el folklore, el mito y el símbolo. Cambió el panorama de la interpretación arqueológica de su tiempo, y su propuesta consiguió llegar a un gran sector del público general. A partir de una lectura simbólica de las piezas halladas en sus excavaciones en Europa del Este, Gimbutas elaboró un relato de la vida en el neolítico como nunca se había visto antes, pues aún sobrevivía en muchos aspectos el prejuicio de la “humanidad primitiva”, simple, tosca, incapaz, etc.

Gimbutas describió el desarrollo local de una civilización floreciente, igualitaria, pacífica, abundante y prácticamente centrada en una religiosidad centrada en una divinidad femenina de múltiples formas. Gimbutas recuperó para la contemporaneidad la noción de una Época Dorada, un Paraíso Original. Después de la Segunda Guerra Mundial -de cuya violencia ella misma había sido víctima-, podría decirse que el mundo necesitaba precisamente ese respiro, la fe en una cultura pacífica y floreciente, la regeneración de la humanidad misma, alcanzable al abrazar otro orden de valores (de cuyo éxito, el discurso de Gimbutas parecía ser una prueba). “La Diosa” adorada por muchos grupos neopaganos o de la New Age debe mucho a Gimbutas y Robert Graves, y se puede pensar en ella como una figura que responde de forma precisa a las necesidades del momento en el que es invocada.

Pero para que la historia de un Paraíso Original funcione, se necesita identificar la causa de su pérdida. Muchos pueblos y mitologías han señalado un distanciamiento de las costumbres o la ruptura de algún tabú dentro de las comunidades afectadas, pero en occidente tenemos otra estrategia para explicar esta pérdida: el enemigo invasor. En el escenario creado por Gimbutas, ese enemigo exterior, absolutamente contrario, en el que se proyecta todo lo que molesta o no conviene al retrato idealizado de la Vieja Europa son los pueblos indoeuropeos, demonizados como portadores de todos los males: La violencia, la tiranía, el patriarcado, etc.

A pesar de la fuerte oposición que halló en el ámbito académico, su teoría de los kurganes (que explicar la llegada de los indoeuropeos) se considera aún en la actualidad bastante acertada, puntalizando precisamente que los pueblos indoeuropeos no llegaron sólo a través de invasiones violentas, sino también por medio del contacto cultural en contextos de convivencia e intercambio. Sin embargo, Gimbutas en su faceta popular, enfatizó aún más la violencia y el conflicto teóricamente impuestos por los indoeuropeos. Se produjera de forma intencional o no, el hecho de señalar un enemigo común era (y es) la clave para la identificación emocional del público con el mito moderno que habían generado Gimbutas y su idealización del pasado de la Vieja Europa.

Dicho de otra forma, mucha gente quería abrazar la idea de un mundo o de una sociedad nuevos, pero muy pocos estaban dispuestos a aceptar su grado de participación o de responsabilidad en la creación de la situación que se pretendía superar (a pesar de que es precisamente la responsabilidad y participación sobre algo lo que nos da el poder para transformarlo). Lo podemos formular en presente también. A nuestra cultura le encanta ver al enemigo en los otros,  tener un oponente tan malvado que a su lado nuestras propias faltas parezcan intrascendentes, un enemigo tan poderoso que nos exima del esfuerzo de hacer algo por enfrentarlo y nos permita quejarnos al aire de lo injusto que es todo, como si alguien tuviera que venir y arreglarlo porque entra en el seguro que pagamos cada mes, pero de cuyo contrato nunca leímos la letra pequeña.

En lo que respecta a la historia, sabemos que la historia empezó como un género literario, pero llega al siglo XX como una disciplina académica, lo cuál la convierte en un curioso híbrido al que, por añadidura, todo el mundo quiere manipular a su favor. La historia requiere conjuntar dos capacidades humanas aparentemente contradictorias y opuestas: la razón y la imaginación. Una parte del trabajo consiste en recolectar datos de la forma más fiable y objetiva que esté al alcance, otra consiste en ponerlos en relación, aventurar una interpretación, e irla afinando a medida que aparezcen nuevos datos… Que en más de una ocasión, obligaran a volver al punto de partida. El investigador debe estar tan bien templado como el arma que maneja.

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Colin Renfrew y Marija Gimbutas

Nuestra cultura, centrada en el culto al individuo o la personalidad, busca siempre protagonistas para las historias en las que se inspira, del mismo modo que la creación de paraisos idealizados proyecta la sombra de los mismos hacia unos infiernos negados, la configuración del personaje idealizado proyecta todo lo que es rechazado en su némesis. Hablar de trabajos colectivos no resulta tan llamativo como presentar un nombre, una biografía. Si la imagen de un individuo destaca por encima de todos los que se han dedicado a continuar el trabajo que inició o inspiró, si parece que no exista otro remedio que estar a favor o en contra de lo que encarna, para encontrar cierto equilibrio y una visión completa de las cosas, deberemos identificar a su máximo oponente. Y en el caso de Gimbutas, éste bien pudiera ser Colin Renfrew.

Gimbutas y Renfrew, la emigrada lituana y el barón inglés, trabajaron conjuntamente en varias excavaciones, publicaron algunos trabajos en conjunto, defendian teorías contrarias respecto a la llegada de los indoeuropeos. Pero las críticas de Renfrew son en gran medida un llamado al sentido común (¿Tiene sentido ver en todo una intención religiosa? ¿Es suficiente la interpretación de los símbolos encontrados en las producciones materiales de una cultura para deducir su modo de vida?). Ambos fueron arqueólogos dedicados, pero allí donde Gimbutas destaca por su  intuición, inspiración o creatividad, Renfrew destaca por la revisión crítica de los métodos empleados en la arqueología, su interés por las posibilidades de los avances técnicos para lograr mayor precisión en las dataciones y su labor por  el estudio y la preservación de los yacimientos más allá de las piezas que se pudieran sacar de ellos. Renfrew ha dedicado toda su vida a la arqueología, Gimbutas – tal vez como reaccion a la descarada hostilidad que halló entre sus colegas y a la calidez de sus seguidores – se alejó cada vez más de la disciplina para perseguir objetivos que sin duda iban más allá del conocimiento del pasado, y de los que ya no es lícito hablar en términos arqueológicos, o incluso históricos, porque los trascienden.

A mi parecer aún son necesarias personas como Gimbutas y como Renfrew, aunque sus nombres nunca lleguen a ser conocidos, pero tal vez necesitemos con mayor urgencia personas capaces de reconocer la validez de ambas visiones, de lo imprescindible de su coexistencia y diálogo dentro y fuera de nosotros.

El documental dedicado a la figura de Gimbutas en 2004 lleva por título “Signs out of Time”, y hubiera sido difícil escoger algo que describiera mejor la trayectoria de Gimbutas, pues aunque partió de un tiempo y unos hallazgos concretos, pero derivó en las aguas de la atemporalidad y la analogía. Lo cual puede ser muy necesario, inspirador, e incluso más importante que las pretensiones originales, pero no puede presentarse como el fruto de una investigación científica, como algunos pretenden.

Lo cuál me parece absurdo e innecesario. Querer hacer pasar algo por ciencia, al mismo tiempo que desprecias los métodos científicos, desvela una inseguridad terrible y un desprecio aún mayor por los propios métodos. Aún hay demasiadas personas que quieren desesperadamente la validación científica, objetiva, que no pueden vivir sin ella, como si de esto dependiera su realidad. La ciencia no es más que un juego cuyas reglas no deben ser burladas, porque su único objetivo está en el tipo de conocimiento que se obtiene al seguirlas.  Este tipo de conocimiento no es útil en todos los ámbitos, resulta un poco absurdo en el Arte, por ejemplo.

Nuestra cultura ha pasado de tener una fe ciega en la divinidad omnipotente a depositarla en una abstracción idealizada de la Ciencia. Si el patrón original no se hubiera perpetuado gracias a esta sutil y superficial mutación, reconoceríamos tanto las limitaciones del ámbito objetivo, como la importancia del ámbito subjetivo. Es el caso del mismo perro con otro collar. Las historias que nos venden y compramos se disfrazan con datos, cifras, justificaciones objetivas y racionales, pero lo que nos mueve sigue siendo las emociones y los impulsos.  La  mitología surgida a partir del discurso de Gimbutas, es profundamente dualista y requiere de la identificación de un enemigo externo, más o menos abstracto.  Y esto, por más que lleve una divinidad femenina a la cabeza, no tiene nada de nuevo.

Una parte del trabajo del investigador en historia consiste en ver en qué nos parecemos a nuestros ancestros – no importa la época-, otra en saber apreciar las diferencias. Del mismo modo que sucede con los oráculos, lo más difícil de esta labor – cuando se toma en serio- es reconocer las proyecciones que derramamos cuando nos miramos en el pasado como un espejo. Estas proyecciones no pueden descartarse, deben ser identificadas y situadas donde corresponde. La proyección es siempre algo que nos regresa a la reflexión acerca de nuestra propia época, pero no nos dirá mucho acerca de los antepasados. En la medida en la que nos conocemos a nosotros mismos, podemos conocer a otros más por lo que son en ellos mismos que por lo que significan en función de nuestras necesidades. Lo mismo sucede con la historia (y con todo, así en general).

 

TN07 – Rusalka

Rusalka, Lenka Šimečková, 2016

Capítulo VII
Donde las hadas se convierten en monstruos

Si hubo un cuento de hadas que cautivó a Europa en los inicios del mundo moderno, esa fue la historia de Ondina, escrita en 1811 por Friedrich de la Motte Fouqué. La novela, que aunó la tradición folclórica de Melusina con las ideas referentes a los habitantes de los reinos elementales de Paracelso, gozó de gran popularidad hasta principios del siglo XX y fue objeto de múltiples adaptaciones.

El cuento de La Sirenita de Andersen, publicado en 1837, posiblemente sea la más conocida de ellas. Sin embargo, existe una versión posterior a la obra de Andersen, pero más fiel en su espíritu a la original: Rusalka, ópera con libretto de J. Kvapil y música de A. Dvórak. En el mundo eslavo, una Rusalka es un espíritu de las aguas, que adquiere la apariencia de una hermosa doncella. Las rusalki danzan y cantan a la luz de la luna aunque en otras ocasiones se las considera seres terribles que seducen a los caminantes desprevenidos para ahogarlos en sus aguas. Otra figura de interés que aparece en esta versión es la bruja Jezibaba, uno de los nombres eslavos que recibe BabaYaga.

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Ilustración: Rusalka Rises, Lenka Šimečková

TN06 – Ojos de Estrella

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Capítulo VI
Donde desde lo más profundo se mira a lo más alto

A las puertas del Solsticio, en el corazón del invierno, en uno de los periodos más mágicos del año nos reunimos para compartir historias, como muchos antes que nosotros lo hicieron. Fuera, en la oscuridad, multitud de espíritus cabalga sobre el viento helado, como si el sueño de tierra, dormida bajo un manto de hielo corporeizara caprichosas imágenes en la bruma, mientras en su vientre las semillas empiezan a germinar. Todo en lo profundo de esta noche es un último canto de despedida a lo que fue, y una promesa encendida de lo que está por venir.

Así lo hemos notado a lo largo del tiempo, y hemos tratado de traducir en cantos, en ritos o en mitos que danzan entorno a un Misterio que no puede ser explicado, sino experimentado. El cuento de esta noche también es especial, y nos llega de Finlandia, de la mano de Zacrhis Topelius. Lleva por título Ojos de Estrella.

 

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Ilustración: Summer night, Akageno Saru

TN 05 – El soldado y la Muerte

Capítulo V
Donde se saluda con reverencia a la Muerte

Como un visitante al que ya no esperábamos, el frío llega en la noche a tocar a nuestra puerta. El golpear de sus dedos, viejos y rudos, nos causa un ligero estremecimiento, y nos acerca un poco más a la alegre danza de las llamas, y su tranquilizador resplandor. Cubierto con un manto de húmeda oscuridad, nos observa en silencio desde un rincón. Su respiración es un viento helado que sopla entre la desmarañada y blanca barba, y esquivamos sus ojos porque son brillantes y lejanos como estrellas. La muerte, callada, lo acompaña como una sombra arrastrada a su espalda. Esa Muerte lo acompaña siempre, dejando a su paso un reguero de ausencias.

Ambos, el Frío y la Muerte, vienen a ocupar un lugar en nuestra mesa, en nuestra cama, para beber algo de nuestro aliento y llenar de brumas nuestros sueños, para roer nuestros recuerdos cuando vuelve a sonar la canción del hueso. Así regresan el Frío y la Muerte a tocar nuestras puertas… Pero no para todos, porque cada cosa, cada Visita, tiene su propio tiempo. Para algunos su presencia es, a penas, un susurro, un escalofrío, una idea extraña que pasa y se aleja como una nube solitaria que cruza el cielo claro arrastrada por los vientos. Para otros, es el anuncio de lo inevitable, un escuchar el toque de campanas de su propio entierro, sabiendo que son llamados a la despedida.

El relato que encontramos hoy en la Torre Negra es el Soldado y la Muerte, un cuento popular ruso recopilado, entre otros, por el folkorista Aleksandr Afanasiev.

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Ilustración: Darcy May

TN 04 – El Mal Cazador

Capítulo IV
Donde se habla de la Caza Salvaje

Adentrados ya en el otoño, es tiempo de encontrarnos con la Caza Salvaje, el cortejo de las almas descarnadas en el que se mezclan difuntos, entidades feéricas, brujas y cambia formas, una corriente que remueve cielos y tierra para disolver los últimos restos de un orden caduco como las hojas que van cayendo sobre la tierra. Lo haremos a través de las leyendas del Mal Cazador y del Comte Arnau, que nos llevaran a hablar del culto a los ancestos, el papel del brujo en el territorio, las visitas de la época oscura y las damas de la corte feérica.

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Ilustración: Mikhail Chernodedov

TN 03 – Capucha Andrajosa

Tatterhood

Capítulo III
Donde se habla de la Sombra

Ahora que los días se acortan, es tiempo de adentrarnos en los reinos de la Sombra, y lo haremos de la mano de “Capucha Andrajosa” (Tatterhood), un cuento noruego muy ligado a las tradiciones de brujería europea, recopilado en el siglo XIX por los folkloristas Peter Christen Asbjørnsen, y Jorgen Moe. Una historia fascinante que incluye trolls, brujas, niñas que montan cabras, batallas nocturnas, cabezas arrancadas y transformaciones feéricas.

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Ilustración: Sarah Diblasi Crain