TN11 – El Canto del Marinero

Capítulo XI
Del Salto a lo Desconocido

A las puertas del solsticio de verano, dejamos atrás los altos y oscuros muros de la Torre, para acercarnos al mar y descender a una playa olvidada desde la que aún podemos contemplar las estrellas. Acomodáos cerca del fuego, porque el fuego siempre debe estar presente

Quedan escasos días para la que, en muchas regiones, se considera la noche más mágica del año, esa noche de altas hogueras, en la que incluso el más descreído se mancha de magia, las plantas alcanzan la cúspide de su virtud y las fronteras de la razón se diluyen lo suficiente para que podamos ver aquello a lo que normalmente estamos ciegos. Y tan mágicas como la noche y el fuego, son las aguas y la aurora que la sigue. En la que inicia el cuento de hoy, un cuento que tal vez muchos conocéis, pero algunas claves han permanecido guardadas en el silencio como un secreto. Un encuentro con lo maravilloso inmortalizado en el romancero castellano a mediados del siglo XVI, del que conoceremos también algunas insospechadas continuaciones.

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Imagen: Gustave Doré, ilustración para La balada del viejo marinero, 1876

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