Demian, Hermann Hesse

La magdalena penitente del espejo, George de la Tour

Cada hombre no es solamente él; también es el punto único y especial, en todo caso importante y curioso, donde, una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una manera singular. (…)

No puedo adjudicarme el título de sabio. He sido un hombre que busca, y aún lo sigo siendo; pero ya no busco en las estrellas y en los libros, sino que comienzo a escuchar las enseñanzas que me comunica mi sangre. Mi historia no es agradable, no es dulce y armoniosa como las historias inventadas. Tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos.

 Hermann Hesse, Demian, 1919

Separador

Imagen: Georges de La Tour, Magdalena penitente, c. 1635/1640

 

 

Antecomienzo, José Ángel Valente

 

No detenerse.

Y cuando ya parezca

que has naufragado para siempre en los ciegos meandros

de la luz, beber aún en la desposesión oscura,

en donde sólo nace el sol radiante de la noche.

Pues también está escrito que el que sube

hacia ese sol no puede detenerse

y va de comienzo en comienzo

por comienzos que no tienen fin.

                                                                                  José Ángel Valente, 1976