El Discípulo, Oscar Wilde

echoandnarcissus_620_wide

 

Cuando murió Narciso el estanque que amaba mudó de un cáliz de aguas dulces a uno de lágrimas saladas, y las Oréades acudieron sollozando a través de los bosques para confortar al estanque con su canto.

Y cuando vieron que el estanque había mudado de un cáliz de aguas dulces a uno de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y lloraron, diciendo al estanque: “No nos sorprende que plañas de este modo a Narciso, tan hermoso como era”.

“¿Acaso era hermoso Narciso?” , preguntó el estanque.

“¿Quién podría saberlo mejor que tú?’ respondieron las Oréades. “Alguna vez pasó a nuestro lado, pero era a ti a quien buscaba, y yacía en tus orillas mirando abajo, hacia ti, y en el espejo de tus aguas contemplaba su propia belleza”.

Y el estanque respondió, ‘Pero yo amé a Narciso porque, cuando yacía en mis orillas y miraba abajo, hacia mí, en el espejo de sus ojos yo veía mi propia belleza reflejada”.

Oscar Wilde, Poemas en Prosa, 1894

Separador

Imagen: Eco y Narciso, John William Waterhouse, 1903


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s