Tiempo al tiempo

 

Mi otra realidad está hecha de caminos entre campos, ahora a medio segar, bajo un sol abrasador. De sonrisas espontáneas en el transporte público. Del mejor café con leche y croissant que he probado jamás, en un lugar insospechado al que aquellos que me conocen bien saben que pueden venirme a buscar. De un trabajo sin pizca de prestigio en el que pasamos frío y hablamos, reímos y jugamos como adolescentes que pasan la tarde en el banco de una plaza. De lecturas que son al tiempo un arrebatador descubrimiento y un reencuentro. De las discusiones y reconciliaciones con mi gato. De los devaneos de mi propia mente, que a menudo no llevan a ningún lugar… Ni falta que hace. De encontrarme conmigo misma, con la sombra y el resto de demonios, de paseo en cada situación cotidiana.

Salgo a la terraza a leer, de vez en cuando levanto la vista hacia los árboles, recorro sus formas perfectas entre las que aletean urracas y palomas, y disfruto del saludo del aire. He tardado lo mío en descubrir lo bien que se está en este rincón del mundo, del mismo modo que en una época en la que las etiquetas y las expectativas pesaban más que mi experiencia directa, era incapaz de darme cuenta de la suerte que tenía con el trabajo. Me pregunto cuántas cosas me quedan por descubrir, ese tipo de buenas cosas que simplemente esperan que nos demos cuenta de que existen y que tienen la amabilidad de revelarse sin rencores.

Mi vida es intensa, y a mí me gusta que sea así. Hay momentos de incertidumbre y sufrimiento terribles, entre cuyas negras nubes irrumpe un relámpago iluminador y, a veces, incluso un arco iris cruza el cielo tras la tormenta. Hay momentos en los que quisiera decirme a mí misma que no podré seguir adelante, pero es tontería. Y así, mientras pasan días buenos y malos, hay un espacio para estas cosas de las que también debo escribir. Pequeños placeres, gestos de amabilidad, ternura o comprensión, revelaciones que surgen de donde menos se las espera, la sensación de que, a pesar de todo, todo está bien y es como debe ser.

-Pero ¿de qué va la brujería? A mí me suena al tarot…
-Bueno, tiene que ver con practicar magia pero no es cómo tener una varita mágica. Quiero decir, viendo mi vida y las cosas que manifiesto a mi alrededor ¿os parece que tenga una varita mágica? Usamos conjuros, hierbas y técnicas, pero eso no es más que una manera de concentrar la atención y la energía para gestionar mejor la vida… y con eso se hace lo que se puede, hay muchos factores a tener en cuenta.

Y aún así, mirando bien este lado de la realidad, es posible que no se me de del todo mal.
Tiempo al tiempo.

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